Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 2
(2), julio-diciembre 2021, pp. xx-xx.
ISSN: 2730-4833 (papel), 2730-4957 (en línea). DOI: xxxxx.
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SALUD MENTAL, RESILIENCIA
Y PANDEMIA
Vera Krecl
Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica
Montevideo, Uruguay
Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 4
(2), julio-diciembre 2023, pp. 109-129.
ISSN: 2730-4833 (papel), 2730-4957 (en línea). DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/4.2.7
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KRECL, V. (2023). Salud mental, resiliencia y pandemia.
Equinoccio. Revista de
psicoterapia psicoanalítica, 4
(2), 109-129. DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/4.2.7
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Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica - Vol. , N.o 1
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Sobre el texto y su autora
El siguiente trabajo fue escrito por la Dra. Vera Krecl entre el 2021 y el
2022, poco antes de su fallecimiento. Por lo tanto, no resulta nada sencillo
escribirle una introducción y comentarlo. El vínculo que pude entablar con
esta autora a lo largo de varios años, en los que compartimos y estudiamos
la obra y los aportes de Winnicott, mientras también el respeto y el afecto
fueron ganando espacio, me llevó a aceptar el desafío de referirme a ella y
su trabajo.
Vera fue médica psiquiatra de adultos y niños, cofundadora de la
Fundación Winnicott Uruguay y docente en diversos espacios de audepp.
Tuvo el privilegio de estar desde el inicio de la fundación, junto con otras
compañeras, y de formarse con el Dr. Luis Prego Silva, quien fuera pionero
en la región en la enseñanza, difusión y estudio profundo de Winnicott.
El presente trabajo tiene la particularidad de expresar los conceptos
más relevantes que ella sostenía respecto a salud mental. Toma como eje
la teoría del desarrollo emocional primitivo de Winnicott, con un cambio
sustancial en lo que refiere a los conceptos de self, espacio y fenómenos
transicionales, y los articula con el de resiliencia y todo lo que generó y
exigió la pandemia por covid-19.
A lo largo del tiempo compartido con Vera en el que estudiamos la obra
de Winnicott, recuerdo el énfasis que hacía en relación con los tres aspectos
que refieren a la formación e integración del self. Ella ubicaba lo genético
y hereditario, que cada individuo trae consigo; el medio ambiente, que con
una adecuada continuidad en el sostén posibilita el desarrollo potencial; y,
finalmente, la respuesta del individuo al generar las múltiples experiencias,
que irá incorporando e integrando a lo largo de su vida.
Vera viene a dejar en este, su último trabajo, una suerte de síntesis de lo
que consideraba más relevante para pensar de qué se trata la salud mental,
que incluye, también, la angustia, las situaciones límite, el conflicto y la for-
ma de gestionar todo ello, que hace a la capacidad de resiliencia que existe
en cada individuo.
Martín Mas
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INTRODUCCIÓN
La salud no lo es todo, pero sin ella, todo lo demás no vale nada.
Arthur Schopenhauer (2012, s. p.)
La salud mental y la física son ambas muy importantes, dependientes
una de la otra. La psique es una elaboración de las funciones del soma y
de lo emocional, que da paso a la formación del psique-soma. El ejemplo
más conocido de esto son las enfermedades psicosomáticas.
Mi propósito, en este trabajo, es considerar el tema de salud men-
tal desde dos puntos de vista complementarios. Uno es la teoría del de-
sarrollo emocional primitivo, elaborada a lo largo de la valiosa obra de
Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés que, a partir de un cambio epis-
temológico, creó una metapsicología nueva fundamentada en el desarro-
llo del self. El otro, muy relacionado con el anterior, es el de la resiliencia,
que consiste en la capacidad que desarrolla un individuo para superar
las adversidades a lo largo de la vida, y que, como consecuencia, podrá
enriquecerse con ellas en su subjetividad.
Finalmente, consideraré brevemente algunos aspectos acerca de la
pandemia y sus consecuencias.
DESARROLLO EMOCIONAL PRIMITIVO
La salud mental tiene sus bases en el comienzo de la vida, incluso
ya en el vientre materno. Investigadores actuales han comprobado que,
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Salud mental, resiliencia y pandemia
- Vera Krecl
cuando se acaricia el vientre de la madre, al quinto mes de embarazo,
el ritmo cardíaco del feto se altera. En el séptimo mes, el futuro bebé ya
reconoce el ritmo de la voz de la madre. Como contraparte, la depresión
materna durante el embarazo también deja huellas.
Las primeras etapas de la vida son las de mayor aprendizaje. El ce-
rebro se desarrolla a gran velocidad y, de acuerdo con cómo el ambiente
pueda llevar a cabo lo que Winnicott llama sostén, se sentarán las bases
de la salud emocional del individuo.
Winnicott, con su enorme experiencia clínica, hospitalaria y de con-
sultorio, con madres y niños y con adultos graves, incluso psicóticos, ha-
biendo trabajado además en albergues de niños evacuados por la guerra
y con su aguda capacidad de observación, su empatía y libertad de pen-
samiento, formuló una teoría diferente a la de sus antecesores. Influido
por la filosofía reinante en su época, la fenomenología, tomó de esta dos
conceptos: experiencia y paradoja. Según Winnicott (1967/1979), la expe-
riencia es una capacidad y no el producto terminado. También introdujo
la importancia de la influencia del medio ambiente a lo largo de toda la
vida del sujeto, muy especialmente en la etapa temprana.
Además de dedicarse a la patología del individuo, Winnicott (1963/
2007a) se ocupó de entender el proceso de maduración y desarrollo de lo
emocional y lo definió como un viaje, un movimiento hacia la independen-
cia, que, sin embargo, jamás será absoluta. Será más compleja cuando, al
crecer, el sujeto se encuentre frente a situaciones más complicadas, que
serán resueltas de acuerdo con lo adquirido anteriormente.
La integración del self implica un eslabonamiento continuado de las
experiencias vividas por un mismo individuo, que se constituyen en el eje
de su propia identidad a lo largo del tiempo. La progresiva integración del
self se irá formando con base en tres elementos:
1. Lo genético y hereditario (modo e historia de los padres y familia).
2. Lo ambiental materno, familiar y social.
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3. La respuesta, acción del propio bebé o individuo.
Winnicott afirmó que la salud se basa en lo que sucede en los prime-
rísimos momentos de la vida y que depende fundamentalmente de la ma-
dre (o de quien cumpla la función materna). Parafraseando a Winnicott
(1956/1990), no existe un bebé sin una madre que lo cuide. La madre,
desde los últimos meses del embarazo y los primeros después del naci-
miento, presenta una enfermedad normal: la preocupación materna pri-
maria, que cumple un rol de contención (sostén), que posteriormente es
cumplido por la familia, cuando esta es adecuada, y también por la socie-
dad (escuela e incluso otras instituciones y aspectos la sociedad).
Será necesario que la madre, con su intuición basada en sus propias
experiencias como bebé, así como en los juegos posteriores, trate de en-
tender lo que necesita el bebé y se lo proporcione. Si no lo logra, el riesgo
está en imponer otras cosas, propias de la madre, con factibles conse-
cuencias negativas para la salud del bebé.
A propósito de esto, Winnicott (1969/2007b) agrupa tres tipos funda-
mentales de necesidades:
Holding (sostén), que permite ir uniendo las partes del self.
Handling (manipulación), que permite al bebé ir conociendo su cuer-
po y favorecer de este modo la unión psique-soma.
Presentación de objeto (realización), que es la relación con los ob-
jetos: subjetivo, transicional y objetivo. Cada relación depende de la
etapa por la que esté pasando el bebé, que pueden ser estas tres:
1. De dependencia absoluta, en la que el bebé es omnipotente y
crea a la madre y al mundo (creatividad primaria). Ambos forman
una unidad dual, base de la confianza (confiabilidad introyecta-
da) y del establecimiento de los vínculos. Es la etapa del objeto
subjetivo, se constituye una continuidad existencial que protege
al bebé de traumas y de las angustias primitivas, que pueden pro-
vocar un temor al derrumbe, que puede persistir durante toda la
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Salud mental, resiliencia y pandemia
- Vera Krecl
vida. La importancia de los vínculos es también sustancial en la
resiliencia, como lo veremos posteriormente.
2. De dependencia relativa, en la que el bebé comienza a descubrir
que existe algo más que él y quiere ir separandóse de su madre.
Para poder transitar este momento complejo, el bebé elige un ob-
jeto —que Winnicott llama objeto transicional— cabello de la ma-
dre, la punta de una sábana o un muñeco, etcétera, que lo acom-
paña y no debe ser sustituido. En este momento, junto con la
mentalización y el comienzo de un pensamiento simbólico, surge
un espacio transicional, potencial, de experiencia cultural, donde
aparecen el juego, el arte, el pensamiento filosófico, la religión, los
mitos, incluso el trabajo. Es un espacio de riqueza, que vivimos
la mayor parte de la vida. De este modo, Winnicott (1971/1979)
agregó un tercer mundo, un espacio intermedio o transicional, a
lo que hasta ahora eran dos: el interno y el externo. Participan en
este espacio ambas realidades, la interna y la externa. Es también
un elemento salvador en la segunda etapa de la resiliencia.
3. Hacia la independencia. Finalmente, comienza esta etapa en la
cual, al interesarse y comenzar a aceptar la realidad, surge el
objeto —objetivamente percibido— representante de la reali-
dad externa y, con ello, el bebé empieza a adquirir autonomía e
independencia.
El adecuado pasaje por estas etapas básicas permite que se desa-
rrolle la salud mental, que se hará más compleja en la medida en que el
sujeto se enfrente a otras situaciones al crecer (Winnicott, 2007a/1963).
Como vimos, la salud mental no depende solo de la herencia ni de
acontecimientos fortuitos, sino que sus fundamentos se construyen de
forma activa en la primera infancia. En la niñez, si se vive en el seno de
una familia que funciona adecuadamente, la persona seguirá agregando
nuevas experiencias. En la latencia disminuirán los elementos instintivos
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y se dedicará al aprendizaje escolar. En la prepubertad podrá manifestarse
una tendencia homosexual y el púber entrará en un estado de confusión y
duda, en el que será normal embrollarse a raíz de esto. En la pubertad se
aliviarán estas confusiones y se buscará la compañía de otros individuos
de su misma edad. Winnicott piensa que quizás los adolescentes están
en las mejores condiciones para dar con su propia personalidad y salud,
aunque algunos sufren muchísimo. La inmadurez es un elemento esencial
de la salud en la adolescencia, y hay una sola cura para ella: el paso del
tiempo y la maduración que este puede traer. Es un proceso que no pue-
de ser acelerado ni retardado, aunque sí destruido y también debilitado
desde adentro en la enfermedad psiquiátrica.
Un adulto sano se caracteriza por tener libertad dentro de la perso-
nalidad, capacidad de experimentar confianza y fe, formalidad y cons-
tancia objetal, liberación del autoengaño y todo lo que tenga que ver
con la riqueza de la realidad psíquica personal. Incluye la creatividad y el
hecho de ver el mundo creativamente, lo cual constituye la prueba más
importante de que el hombre está vivo. Lo importante es que la persona
sienta que está viviendo su propia vida y asumiendo la responsabilidad
de sus actos y omisiones, y de que sea capaz de atribuirse el mérito cuan-
do triunfa y la culpa cuando fracasa. Otra característica es no tener que
aplicar, en gran medida, la proyección para hacer frente a sus propios
impulsos y pensamientos destructivos.
Otro de los signos de salud mental es la capacidad de un individuo de
captar imaginativamente, pero también con exactitud, los sentimientos,
las esperanzas y los temores de otra persona, así como permitir que esta
haga lo mismo con él (empatía, identificación cruzada).
En cuanto a la identificación con la sociedad, esta es necesaria, así
como también el mantenimiento y el aporte a ella, pero sin que esto im-
plique la pérdida del self verdadero. El sentimiento de identidad, esencial
para todo ser humano, solo se logra cuando se ha contado con un sostén
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Salud mental, resiliencia y pandemia
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proporcionado por un sujeto significativo. Por sí solo, el proceso de ma-
duración no basta para producir un individuo. La salud no es comodidad:
los temores, los sentimientos conflictivos, las dudas, las frustraciones son
también frecuentes en un sujeto sano (Winnicott, 1993).
Durante el proceso de elaboración de la resiliencia también es ne-
cesario un sostén. El sentido del humor, la capacidad de jugar y la fle-
xibilidad de la organización defensiva son elementos del individuo muy
importantes para el desarrollo de una buena resiliencia.
RESILIENCIA
El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos
caminos, porque a la vida le basta el espacio de una
grieta para renacer.
Ernesto Sábato (2000, p. 75)
Ya que actualmente se empieza a utilizar en muchos medios, tomé el
tema de la resiliencia para comprender mejor su significado.
La palabra resiliencia es utilizada en el campo de la física para explicar
la capacidad que tiene un material para recuperar su estado inicial cuan-
do ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Es el con-
cepto de vulnerabilidad el que ha abierto el camino a la resiliencia en otro
sentido. Aún no hay un consenso en las diversas definiciones: Manciaux
et al. (2010) definen la resiliencia como «una capacidad de una persona
o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el
futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones
de vida difíciles y traumas a veces graves» (p. 22). Cyrulnik (2006) agrega:
«Las personas no quedan encadenadas a los traumas de la vida, sino que
cuentan con un antídoto: la resiliencia. No es una receta de felicidad, sino
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una actividad vital positiva que estimula a reparar daños, convirtiéndolos
hasta a veces en obras de arte» (p. 1).
La investigación sobre el tema de la resiliencia comenzó en la déca-
da del setenta como parte de la psicología del desarrollo. Sin embargo,
Vanistendael (apud Theis, 2010) dice que la resiliencia como tal es «tan
vieja como la humanidad» (p. 45). Rápidamente, el concepto de resiliencia
se expandió a áreas como sociología, salud, trabajo social, antropología,
economía, derecho, filosofía, veterinaria, entre otras. Ha sido integrado
sobre todo en la pedagogía y en la salud pública. Se transformó en un con-
cepto transdisciplinario, con aportes de distintos lugares del mundo, que
congregaba saberes de diversas áreas y sectores, lo que hace posible su
puesta en práctica, con proyectos sostenibles, no solo en la infancia, sino
en otras etapas del ciclo de la vida, como la adolescencia o la tercera edad.
A fines del siglo pasado, empezó a aplicarse a la salud mental por
algunos autores provenientes de la sociología, la medicina y la psicolo-
gía. Bowlby (1984) fue el primero que usó su nombre en sentido figurado
como tema de la salud mental. Melillo (2001) aclara que, si bien la utiliza-
ción del concepto ha sido promovida sobre todo por el modelo médico,
la resiliencia cambia los ejes sobre los que estamos habituados a pensar
los temas de la salud y sus soluciones.
Uno de los pilares de la resiliencia es el rechazo a toda discriminación
y el respeto a las diferencias como elemento enriquecedor. Se trata de otra
forma de mirar la realidad, ya que siempre es mejor mirar la solución que
el problema. Además de los síntomas y las conductas, esa mirada intenta
detectar y movilizar los recursos de las personas, de su entorno y de los
servicios y las redes sociales, educativas, sanitarias, etcétera. «Es pensar
a un individuo, no como víctima pasiva de sus circunstancias, sino como
sujeto activo de su experiencia» (Galende, 2004). Esto nos puede enseñar,
desde la experiencia que transitó, qué es lo que le permitió al individuo
seguir adelante con éxito. Toma en cuenta al sujeto en su contexto.
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Salud mental, resiliencia y pandemia
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Solo recientemente se ha tenido en cuenta la interacción entre el in-
dividuo y sus allegados, sus condiciones de vida y su ambiente vital. Sin
embargo, Winnicott (1960/2007b) comenzó a referirse a estos aspectos
al darle importancia al medio ambiente. En todo momento la resiliencia
es fruto de la interacción entre el propio individuo y su entorno, entre las
huellas de sus vivencias anteriores y el contexto del momento en ma-
teria política, económica, social y humana. Resiliencia evoca la idea de
complejidad de los procesos reales en los que se desenvuelve la vida y la
integración de esos niveles. No es una ciencia objetiva.
Mientras que la ciencia separa para su conocimiento los mecanismos
biológicos del cuerpo, en la resiliencia, la vida psíquica y la existencia
social están todos ellos integrados. Además, hay que tener apertura no
solo ante los aportes de la ciencia, sino ante los testimonios de la vida y la
experiencia del profesional en el sentido amplio. El concepto de resiliencia
introduce lo aleatorio, el azar, y altera la idea de relaciones necesarias
entre los fenómenos de la vida. Trata de ocuparse no solo de las víctimas,
sino también de explorar los factores de riesgo y cómo respondió, con
éxito, el sujeto frente a la adversidad. Se presentan situaciones críticas,
que se le imponen al individuo: enfermedades, fallecimientos, violencia,
guerras, así como los distintos momentos de vida: la adolescencia, la ve-
jez, etcétera. Todo ello puede implicar un trauma o un estrés intenso o
prolongado, que puede superar la capacidad del sujeto para tramitarlo. A
su vez, una misma causa puede tener varias consecuencias, desde lo más
destructivo hasta lo más constructivo.
Dice Elbio Suárez Ojeda (apud Melillo et al., 2001):
El mundo actual, sometido a una globalización irrestricta, se ha conver-
tido en el escenario de desastres y tragedias de una magnitud y frecuen-
cia nunca antes conocidas. Guerras insensatas, represiones fratricidas,
terrorismo, asesinatos, delincuencia y corrupción que han entrado en
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nuestra cotidianidad. Nuestras vidas han perdido gran parte de su pri-
vacidad y los futurólogos auguran su desaparición como un estigma de
este siglo.[…]
La vida puede y debe encontrar grietas para renacer. Los seres huma-
nos tenemos la capacidad para devenir resilientes y poder enfrentar ese
bombardeo cotidiano […] [que nos hará más fuertes,] más confiados
en nuestras fortalezas, más sensibles a las adversidades del prójimo y
adquirimos mayor conciencia social para promover cambios que reduz-
can la inequidad y el sufrimiento. De allí que la mirada de la resiliencia
[…] haya tomado inusitadas proporciones. (pp. 17-18).
Existen personas resilientes que no solo salieron de la situación bien,
sino enriquecidas. Son capaces de valorar, de crear sentidos nuevos a
su vida, de producir nuevas significaciones en relación con los aconte-
cimientos de su existencia. Sin embargo, toda persona tiene sus límites.
La resiliencia se construye en interacción con el entorno y con el medio
social y cultural; por lo tanto, influyen en ella también las circunstancias,
la naturaleza del trauma, la etapa de la vida, el estado del individuo y su
diferente construcción psíquica. Además, no es algo que se adquiere de
una vez y para siempre.
Hay una concepción dominante que dice que, para poder hablar de
resiliencia, se tiene que haber vivido un suceso traumático y haber podi-
do tramitarlo de manera resiliente. Las capacidades potenciales, en todas
las edades, se desarrollan si son estimuladas —y no solo reconocidas—
por la acción de un otro significativo para el individuo —generalmente,
la madre, los parientes o alguien del entorno— y en un clima de afecti-
vidad. Ambos aspectos son claves en la formulación de la teoría sobre
el desarrollo emocional primitivo de Winnicott. En esta subraya, como
base de la salud mental, la importancia del adecuado desarrollo en los
primerísimos años, incluidos el factor ambiental y, muy especialmente,
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Salud mental, resiliencia y pandemia
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los fenómenos transicionales, fundamentales en la resiliencia, y que co-
mienzan en la vida intrauterina.
Según Balbernie (apud Kotliarenco y Lecannelier, 2001), el ambien-
te emocional del niño influye en la biología básica de la mente, ya que el
nicho ecológico adecuado, de la madre y familia, ha permitido organizar
las emociones de sus hijos, moldeando directamente la habilidad de su
mente para integrar experiencias y adaptarse a futuros estresores. Esta
reacción es en parte producto de las reacciones de apego, que es el con-
cepto que utilizan los que se dedican a la resiliencia. Balbernie formula
que la función no es solamente la de producir un tipo de relación afec-
tiva, sino también ciertos mecanismos de autorregulación fisiológica,
que le permitan al individuo enfrentar la vida posteriormente. Para el
niño lo primordial es la conexión con su cuidador. En los primeros años
de vida es la madre, cuya empatía, adaptabilidad a las necesidades del
bebé y habilidad para integrar experiencias le facilitan su adaptación
a futuros estresores. Más adelante, ambos padres pueden influir en el
desarrollo del niño y del adolescente con un vínculo afectivo, al ser
modelos de rol, brindar atención, poner límites en sus horarios, permitir
las actividades fuera del hogar, incrementar la independencia y la res-
ponsabilidad de acuerdo con la edad. Todo esto es favorable para que
el niño pueda tener relaciones fuertes y estables, valores, objetivos y
sueños, espiritualidad y oportunidades que le permitan desarrollar sus
talentos e intereses.
Los estudios de Hofer, demuestran que los cuidadores, reguladores
ocultos de los procesos fisiológicos de los roedores y primates no huma-
nos, van mucho más allá de las funciones de contención y protección.
Actuarían como reguladores ocultos de las funciones biológicas básicos
de sus crías, por ejemplo, una separación prolongada produce efectos
a nivel emocional, pero también problemas digestivos, inmunológicos,
de regulación de su temperatura y otros, incluso producir la muerte. En
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padres que han recibido un cuidado no adecuado cuando niños, se apre-
cia la existencia de estresores internos y externos que impactan en el
niño, y este, sin otra alternativa, debe calzar en lo que encuentra y adap-
tar sus respuestas neurofisiológicas, dado que este es el único mundo
que conoce. Esto ocurre en el momento de mayor desarrollo cerebral,
de intensa producción sináptica, y podría llegarse incluso a su detención
permanente (Hofer, apud Kotliarenco y Lecannelier, 2001). La familia ex-
perimenta continuas transformaciones, que hacen que sus miembros mo-
difiquen los significados que asignan a los acontecimientos (Armengol et
al., apud Kotliarenco y Lecannelier, 2001).
En las instituciones, en la escuela específicamente, los niños apren-
den a lidiar con sus pares, con el amedrentamiento o la agresividad de
parte de alguno de ellos y con las relaciones con la autoridad y con los
docentes. Es donde aprenden a ser miembros de la sociedad y adquieren
más independencia de su hogar. Existen, para todas las edades, institucio-
nes con un rol social muy importante.
FACTORES DE RIESGO
Toda la vida humana plantea adversidades, de las cuales el sujeto se
debe hacer responsable. Theis (2002) los ordena en cuatro grupos:
Situación familiar perturbada: trastornos psiquiátricos o adicción de
los padres, muerte de uno o ambos, discordia familiar crónica, violen-
cia familiar (maltrato físico, incesto), separación de los padres, entre-
ga a otra familia.
Factores ambientales y sociales (pobreza, hábitos pobres, etcétera).
Problemas crónicos de salud, deficiencia física o una enfermedad
grave.
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Salud mental, resiliencia y pandemia
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Amenazas vitales de guerra, las catástrofes naturales o los traslados
forzosos, y también la pandemia.
Los factores de riesgo no actúan aislados, sino entrelazados según el
contexto, la edad y el ciclo de vida individual, de la familia y del ambiente.
Los factores protectores individuales son la autoestima, la autoconfianza,
los vínculos afectivos amigables, los lugares y las personas que posibiliten
la contención, una visión optimista de la vida, el pensamiento crítico, todo
lo que fomente la responsabilidad y la capacidad de tomar decisiones, lo
que favorezca la libertad en el marco de normas de respeto a cada uno.
Grotberg (2001) dice que los factores protectores se pueden resumir
en cuatro áreas, que al interactuar entre sí generan conductas o caracte-
rísticas resilientes. Estas áreas son:
Yo tengo personas en quienes confío y me quieren incondicionalmen-
te, que me ponen límites para aprender a evitar los peligros o me
muestran con su conducta la manera correcta de proceder, que quie-
ren que aprenda a desenvolverme solo, que me ayudan cuando estoy
enfermo, en peligro o cuando necesito aprender.
Yo soy una persona por la que otros sienten aprecio y cariño, feliz
cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto,
respetuoso de mí mismo y del prójimo.
Yo estoy dispuesto a responsabilizarme por mis actos, seguro de que
todo saldrá bien.
Yo puedo hablar sobre las cosas que me asustan o me inquietan, bus-
car la manera de resolver mis problemas, controlarme cuando tengo
ganas de hacer algo peligroso que no está bien, buscar el momento
apropiado para hablar con alguien o actuar, encontrar a alguien cuan-
do yo lo necesito.
La persona resiliente no necesita tener todos estos aspectos, pero
uno solo no es suficiente. La interacción entre estos factores es dinámica,
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varía a lo largo de las etapas del desarrollo humano y cambia de acuerdo
con la situación de la adversidad.
Proceso frente a una adversidad
Como ya se ha dicho, un trauma implica un exceso de excitación que
no es pasible de ser metabolizado. Puede ser aislado, intenso y vital, o una
suma de sucesos menos importantes que supere la elaboración defensiva
y mental del yo del sujeto. Si se da de improviso, moviliza en lo intrapsí-
quico tres parámetros importantes:
1. Gobernar la conmoción emocional cuando se produce la adversidad.
El yo que lo padece puede presentar ansiedad, depresión, tensión,
etcétera, y quedar excitado por vías corporales y conductuales. No
le es posible usar sus posibilidades de elaboración mental. Necesita
valerse de los mecanismos de defensa, en los cuales es muy impor-
tante su naturaleza, variedad y, sobre todo, flexibilidad. Negación,
ensueño, escisión, o sea, separar las representaciones entre sí o sus
afectos para apartar los más insoportables y utilizar uno de los más
importantes, el sentido del humor; este es uno de los más cruciales
factores de protección, ya que sublima las pulsiones agresivas y es
una expresión socialmente valorizada. También la creación artística
o literaria. Debe echar de su conciencia los recuerdos y aspectos del
pasado individual juzgados como peligrosos para su supervivencia.
2. Utilizar las capacidades de elaboración mental. Se trata de la capa-
cidad de traducir en palabras, en representaciones verbales com-
partibles, las imágenes y las emociones sentidas para sí mismo y
que puedan ser comunicables, comprensibles para el otro. Esta es
la mentalización, que también implica la simbolización. Los afectos
sentidos se unen a las palabras que lo especifican, que es la unión
afecto-representación
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Salud mental, resiliencia y pandemia
- Vera Krecl
3. Buscar un nuevo sentido a la vida. En la salud mental, el sujeto pue-
de hacer una apreciación crítica y también accionar para su trans-
formación. La resiliencia, más que soportar, tiene que reconstruirse,
comprometerse, buscando una nueva dinámica de la vida. Por eso,
la noción de sentido tiene tanta importancia, o sea, es una necesidad
casi vital.
El vínculo y el sentido son dos fundamentos básicos de la resiliencia.
Personas con sufrimientos graves —enfermedad crónica, duelo, acto de
violencia y emigración, sobre todo por obligación, etcétera— que los sa-
cuden profundamente necesitan tener estrategias de acción y darle senti-
do a su sufrimiento y uno nuevo a su vida.
La resiliencia se trata de observación, investigación y acción, en pro-
gramas cuya meta es ocuparse de intervenir antes de que se presente la
patología y, también, ayudar a transitar el proceso. Se trata de resistir y
construir un nuevo proyecto.
Se demostró que las personas resilientes son capaces de enfrentar si-
tuaciones estresantes y que la resiliencia es efectiva no solo para enfren-
tar las adversidades, sino también para promover la salud mental (Hiew
et al., apud Grotberg, 2001).
PANDEMIA
Por último, agregué la pandemia provocada por el covid-19, que se
expandió rápidamente por todo el mundo y se trató de algo sorpresivo
frente a lo cual todos sentimos temor, inseguridad, ansiedad, soledad,
depresión, entre otros sentimientos que nos debilitan y constituyen, por
lo tanto, un trauma. Si disponemos de la capacidad de responder de for-
ma resiliente, pudimos transitarla mejor y quizás mejorar la evolución
personal.
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Si bien la parte psicológica del problema no fue muy contemplada al
principio, se ha hecho notar poco a poco la importancia de la presencia-
lidad y las secuelas que se producen por su falta. Todas las generaciones
se vieron afectadas, física y psicológicamente, especialmente los niños y
los adolescentes, seres en formación.
Los niños tuvieron dificultades escolares y poco contacto social, lo
cual impide el enriquecimiento emocional que produce estar con sus
abuelos, otros familiares y amigos. Algunas escuelas tomaron la actitud
de ayudar a los niños con intervenciones de un psicólogo en las clases y
esos niños han podido aliviar algunas de las tensiones por las que estaban
pasando.
Por otra parte, la utilización de los medios tecnológicos para conti-
nuar la enseñanza, aunque necesarios, no sustituyen la presencialidad. Se
agrega a esto la actitud de muchos padres de proporcionarle de forma
excesiva al niño la tecnología virtual para «calmarlo» o entretenerlo, por
sus colores, sonidos y movimientos. Esto puede generar una dependen-
cia que, a veces, provoca una sobreestimulación. Como consecuencia, se
puede perder el interés de vincularse con otro y se puede tender a aislar-
se de su entorno. También se puede reducir la posibilidad del desarrollo
del espacio transicional, lo que altera el funcionamiento psíquico y el pro-
ceso de subjetivación —que consiste en llegar a percibirse como sujeto
de experiencia—, en especial en los niños pequeños. En estos, puede
incluso producir trastornos de espectro autista (tea) y trastornos genera-
lizados del desarrollo (tGd). Reconocidas sociedades de pediatría, como
la Sociedad Argentina de Pediatría o la American Academy of Pediatrics,
han aconsejado la limitación de estos medios tecnológicos. Aconsejan
que, al menos, el niño esté acompañado por un adulto y no en soledad, ya
que el mundo virtual tiende a desplazar el interés de vincularse con otros.
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Salud mental, resiliencia y pandemia
- Vera Krecl
De la misma manera, durante la pandemia los adolescentes redujeron
sus relaciones con iguales y disminuyeron la posibilidad de búsqueda de
su propia identidad.
Los adultos perdieron su trabajo, se volvieron más violentos, deprimi-
dos, aumentaron los suicidios y homicidios, entre otras cosas, a lo que se
le suma la pérdida de algún ser querido.
Hubo muchos fallecimientos como consecuencia del virus, pero algu-
nos pacientes muy graves han podido sobrevivir. Ha habido testimonios
de personas que, estando internados en Cti durante un tiempo prolonga-
do, gracias a la capacidad de resiliencia y, por supuesto, por su previo es-
tado físico y los medios terapéuticos utilizados, lograron pensar y planear
positivamente su futuro y salir sanos.
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ADENDA*1
Lo que la autora desarrolla en este trabajo es particularmente la im-
portancia de un medio ambiente lo suficientemente bueno que pueda
proporcionar la continuidad en este desarrollo emocional primitivo y per-
mita experimentar la confianza. Si comienza a tener continuidad en una
etapa temprana, dicha confianza tendrá muchas más chances de lograr
reeditarse a lo largo de la vida y constituirse en un elemento indispensa-
ble para habilitar la resiliencia y, en definitiva, la salud mental. Así tam-
bién, esta continuidad, como muy bien destaca la autora, protege al bebé
de potenciales traumas y de angustias primitivas.
Esta etapa temprana, cuando se puede experimentar de esta forma,
también facilitará el desarrollo del sentimiento de omnipotencia nece-
sario y fundamental para la gestación de la creatividad primaria. Como
aparece descrito en el trabajo, esta omnipotencia comienza a matizarse
en ese tránsito del objeto subjetivo al objetivamente percibido, donde se
generará un tercer tiempo-espacio en el cual no hay un adentro y afuera,
sino otra cosa que cabalga entre uno y otro. La autora recoge el notable
e innovador aporte de Winnicott junto al de creatividad y salud mental.
La resiliencia, además de consistir en soportar situaciones y entornos
adversos, es la capacidad de reconstruirse creativamente sin que esto
implique dejar de ser uno mismo. Esto refiere, precisamente como lo de-
sarrolla la autora, a la profundidad y riqueza de los conceptos de self, de lo
intersubjetivo, donde entra en juego ese tercer espacio de los fenómenos
transicionales, de la creatividad para adaptarse a nuevas situaciones sin
dejar de ser uno mismo.
* Esta adenda fue realizada por Martín Mas, psicólogo, psicoterapeuta psicoanalítico, miembro
habilitante de audepp y, sobre todo, compañero durante muchos años de Vera en el grupo de
estudio de Winnicott, de los miércoles.
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Salud mental, resiliencia y pandemia
- Vera Krecl
Todo esto, además, lo refiere con acierto en una situación límite como
la pandemia, que, por su carácter de adversa e inédita, hizo que mucha
gente recurriese al reservorio de creatividad, confianza y cúmulo de ex-
periencias enriquecedoras para poder llegar a superarla y con la posibili-
dad de salir fortalecida.
§
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