UNA REFLEXIÓN EPISTÉMICA SOBRE
LA PRODUCCIÓN DE CONOCIMIENTO
Y LA PLURALIDAD
AN EPISTEMIC REFLECTION ON KNOWLEDGE
PRODUCTION AND PLURALITY
UMA REFLEXÃO EPISTÊMICA SOBRE A PRODUÇÃO
DE CONHECIMENTO E A PLURALIDADE
Heber Olase
Facultad de Psicología, Universidad de la República
Colonia Valdense, Uruguay
Correo electrónico: olaseheber@gmail.com
ORCID: 0009-0002-9305-2928
Recibido: 1/12/25
Aceptado: 10/4/26
Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 7(1), enero-junio 2026, pp. 15-27.
ISSN: 2730-4833 (papel), 2730-4957 (en línea). DOI: 10.53693/ERPPA/7.1.1
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OLASE, H. (2026). Una reflexión epistémica sobre la producción de conocimiento y la
pluralidad.
Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 7
(1), 15-27. DOI: 10.53693/
ERPPA/7.1.1
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
Submitted: 12/1/25
Accepted: 4/10/26
Recebido: 1/12/25
Aceite: 10/4/26
Resumen
El artículo problematiza la noción de pluralidad en el psicoanálisis examinando su
relación con las condiciones sociohistóricas de producción del conocimiento. A partir
de aportes de Kuhn, Foucault y Haraway, se sostiene que todo conocimiento se con-
gura en la trama de relaciones entre conocimiento y poder. Desde esta perspectiva, el
psicoanálisis es analizado como un corpus teórico inscrito en los regímenes biopolíticos
de la modernidad. Este trabajo distingue entre una pluralidad liberal, que fragmenta
y mercantiliza el conocimiento, y una pluralidad crítica, orientada al diálogo entre co-
nocimientos situados. Finalmente, propone articular las teorías psicoanalíticas con la
noción de conocimiento situado, con el n de promover una práctica clínica reexiva, polí-
ticamente consciente y atenta a las formas contemporáneas del padecimiento.
Palabras clave: conocimiento, poder, psicoanálisis, epistemología.
Abstract
This article problematizes the notion of plurality in psychoanalysis by examining its
relationship with the sociohistorical conditions of knowledge production. Drawing on
contributions from Kuhn, Foucault, and Haraway, it argues that all knowledge is cong-
ured within a network of relations between knowledge and power. From this perspec-
tive, psychoanalysis is analyzed as a theoretical corpus inscribed within the biopolitical
regimes of modernity. The paper distinguishes between a liberal plurality, which frag-
ments and commodies knowledge, and a critical plurality, oriented toward dialogue
among situated knowledges. Finally, it proposes articulating psychoanalytic theories
with the notion of situated knowledge in order to promote a reective clinical practice
that is politically aware and attentive to contemporary forms of suffering.
Keywords: knowledge, power, psychoanalysis, epistemology.
Resumo
O artigo problematiza a noção de pluralidade na psicanálise ao examinar sua re-
lação com as condições sócio-históricas de produção do conhecimento. A partir das
contribuições de Kuhn, Foucault e Haraway, sustenta-se que todo conhecimento se
congura na trama de relações entre conhecimento e poder. Nessa perspectiva, a
psicanálise é analisada como um corpus teórico inscrito nos regimes biopolíticos da
modernidade. Este trabalho distingue entre uma pluralidade liberal, que fragmenta e
mercantiliza o conhecimento, e uma pluralidade crítica, orientada ao diálogo entre co-
nhecimentos situados. Por m, propõe articular as teorias psicanalíticas com a noção de
conhecimento situado, a m de promover uma prática clínica reexiva, politicamente
consciente e atenta às formas contemporâneas do sofrimento.
Palavras-chave: conhecimento, poder, psicanálise, epistemologia.
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VERDAD, CONOCIMIENTO Y PODER*1
La noción de paradigma, introducida por Kuhn (1962/2004), reere
al conjunto de principios, valores, creencias y modos de conceptualizar
los fenómenos que comparten los miembros de una comunidad situa-
da en un momento histórico determinado. Esta perspectiva subraya el
carácter sociohistórico de la ciencia, según el que las luchas sociales,
los avances técnicos y el devenir cultural funcionan como motores del
pensamiento.
La comprensión del conocimiento bajo la forma de ciencia es, sin
embargo, un desarrollo propio de la modernidad. Al respecto, Lloyd
(1977, apud Pulice et al., 2000) advierte que la ciencia, tal como la con-
cebimos hoy, no era una categoría propia del mundo antiguo. En grie-
go no existía una palabra equivalente a nuestro término ciencia. Voces
como philosophia ‘amor a la sabiduría’, episteme ‘conocimiento’, theoria
‘contemplación o especulación’ y peri physeos historia ‘investigación so-
bre la naturaleza’ podían emplearse en ciertos contextos que hoy po-
dríamos traducir, sin demasiada distorsión, como ciencia. Pero, aunque
esos términos aludían a formas de indagación intelectual que actual-
mente podríamos considerar cientícas, cada uno poseía un sentido
propio y distinto del signicado moderno de ciencia (Lloyd, 1977, apud
Pulice et al., 2000).
Descartes (1641/1977) inaugura la modernidad con el cogito: a par-
tir de él, la naturaleza queda redenida como res extensa. Este pensa-
dor francés no solo abre el paradigma moderno, sino que, como arma
Feinmann (2016), es él quien le corta la cabeza al rey Luis XVI, en el
sentido de fundar la racionalidad que hará posible el derrumbe de
las estructuras absolutistas. Foucault (1977/2007) sostiene que, tras la
Revolución francesa, la burguesía triunfante desplaza denitivamente
* Este artículo fue aprobado por el editor Mariano Revello.
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Una reflexión epistémica sobre la producción de conocimiento y la pluralidad
Heber Olase
al viejo régimen feudal e introduce la organización político-económi-
ca característica de los Estados modernos. En este proceso, el hombre
moderno suplanta al Dios medieval. Como señala Serrano (2010), se
trata de:
Seres cuya voluntad y deseo son innitos, es decir, poseedores de esa
innitud que es atributo del Dios cristiano y que sustituyen al Dios
cristiano tras su muerte, o más bien le suceden, en múltiples frag-
mentos individuales, átomos deseantes que igualan a la vieja divi-
nidad en cuanto al deseo, pero no en cuanto a la perfección. (p. 50)
Es a través de la relación entre conocimiento y poder que esta
clase erige su régimen biopolítico. Desde entonces, la producción del
conocimiento y la interpretación de la realidad quedan inscritas en
los intereses especícos y materiales de la clase dominante: la bur-
guesía industrial. Como señalan Marx y Engels (1845/1985), las ideas
dominantes son «las mismas relaciones dominantes concebidas como
ideas […] las relaciones que hacen de una determinada clase, la clase
dominante, son también las que coneren el papel dominante a sus
ideas» (pp. 50-51).
RELACIÓN ENTRE CONOCIMIENTO-PODER
Y PSICOANÁLISIS
Foucault aborda la cuestión de la emergencia y la producción del
conocimiento en la primera de sus cinco conferencias de 1973 en Río
de Janeiro a partir de Nietzsche. El alemán arma: «En algún punto
perdido del universo, cuyo resplandor se extiende a innumerables sis-
temas solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inteli-
gentes inventaron el conocimiento. Fue aquel instante más mentiroso
y arrogante de la historia universal» (Nietzsche, 1896, apud Foucault,
1978/2017, p. 18). La cita nos sitúa ante la concepción del conocimien-
to como un articio, como una creación histórica y política, atravesada
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por determinantes socioeconómicos. En esa línea, Foucault (1978/2017)
sostiene que «el conocimiento es siempre una cierta relación estraté-
gica en la que el hombre está situado» (p. 30). Así, la producción o fa-
bricación del conocimiento —de los conceptos mismos— se encuentra
afectada, condicionada y, al mismo tiempo, posibilitada por las coor-
denadas sociopolíticas en las que se inscribe:
Solo puede haber ciertos tipos de sujetos de conocimiento, órdenes
de verdad, dominios de saber, a partir de condiciones políticas, que
son como el suelo en que se forman el sujeto, los dominios de saber y
las relaciones con la verdad. (Foucault, 1978/2017, p. 32)
Los regímenes de poder operan mediante lo que Foucault
(1977/2007) denomina la anatomopolítica del cuerpo humano y la bio-
política de la población, dos nociones que remiten a los dispositivos
de disciplinamiento y normalización. Según Foucault (1977/2007), el
poder moderno no se limita a prohibir o castigar, sino que se instala en
la vida misma para organizarla, administrarla y volverla productiva.
Desde el siglo , ese poder se desplegó en dos direcciones comple-
mentarias. Por un lado, se orientó hacia el cuerpo individual, tratado
como una máquina que debía ser disciplinada, entrenada y optimi-
zada para aumentar su utilidad y docilidad. Por otro, a partir del siglo
, se extendió hacia la población, entendida como cuerpo colectivo
atravesado por procesos biológicos: natalidad, mortalidad, salud, lon-
gevidad y condiciones de vida. De este modo, la anatomopolítica del
cuerpo y la biopolítica de la población constituyen las dos caras de
una misma forma de poder que ya no busca únicamente decidir sobre
la muerte, sino intervenir de manera continua sobre la vida entera.
Para Foucault (1977/2007), el biopoder no solo hizo posible la
emergencia del capitalismo, sino que constituye el modo mismo en
que cualquier régimen de poder produce, ordena y conceptualiza
la vida, la naturaleza, el bios. En su conferencia, el lósofo francés
arma que, en el ámbito del conocimiento, «solo puede haber una
relación de violencia, dominación, poder y fuerza, una relación de
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violación. El conocimiento solo puede ser una violación de las cosas
a conocer y no percepción, reconocimiento, identicación de o con
ellas» (Foucault, 1978/2017, p. 23).
Foucault (1977/2007) señala que el psicoanálisis nace y se conso-
lida en el seno del dispositivo de la sexualidad y que ocupa el lugar
que antes detentaba el poder confesional religioso: escucha y produce,
provoca e induce a hablar al cuerpo, a los deseos, a las fantasías, a
aquello más profundo, reprimido e inconsciente:
En el siglo  se inventaron […] a partir de problemas jurídicos, ju-
diciales y penales, formas de análisis […] que yo llamaría examen
[…]. Estas formas […] dieron origen a la Sociología, la Psicología, la
Psicopatología, la Criminología, el Psicoanálisis […] al investigar el
origen de estas formas, se ve que nacieron en conexión directa con
la formación de un cierto número de controles políticos y sociales,
en los inicios de la sociedad capitalista. (Foucault, 1978/2017, p. 17)
No nos referimos aquí al saber que el psicoanálisis aborda en tan-
to discurso del inconsciente del sujeto en análisis. El interés de este
trabajo se orienta, más bien, hacia el corpus teórico del psicoanálisis,
esto es, hacia el conjunto de elaboraciones conceptuales que congu-
ran el edicio teórico del conocimiento psicoanalítico. Cabe señalar,
no obstante, que el saber del inconsciente también es aprehendido
y leído, en tanto fenómeno clínico, a través de categorías teóricas: el
analista, en tanto agente de conocimiento, lo conceptualiza y lo inter-
preta a partir de las teorías psicoanalíticas. Sin embargo, el objetivo
especíco de este trabajo consiste en abordar el conocimiento teórico
que fundamenta y orienta el quehacer psicoanalítico.
PENSANDO LO PLURAL
Tanto la producción del paradigma cientíco moderno como la
emergencia de la casta burguesa se inscriben en un mismo movimiento
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de yuxtaposición: la relación conocimiento-poder conceptualizada
por Foucault (1977/2007). Según este autor, la biopolítica, el discipli-
namiento y la normalización de las sociedades se ejercen a través del
dispositivo de la sexualidad, que constituye uno de los efectos más
signicativos de dicha relación conocimiento-poder y que
está vinculado a la economía a través de mediaciones numerosas
y sutiles, pero la principal es el cuerpo —cuerpo que produce y que
consume— […] no tiene como razón de ser el hecho de reproducir,
sino el de proliferar, innovar, anexar, inventar, penetrar los cuerpos
de manera cada vez más detallada y controlar las poblaciones de
manera cada vez más global. (Foucault, 1977/2007, p. 130)
¿Podemos trazar un paralelismo entre las pretensiones de un co-
nocimiento plural y lo que Foucault arma en relación con el hecho de
inventar y penetrar los cuerpos —la naturaleza— de un modo cada vez
más detallado, con la dominación como objetivo? ¿Hasta qué punto
la noción de conocimiento plural no es, en sí misma, un producto de la
concepción liberal propia de la modernidad capitalista? Nos enfrenta-
mos a un aparente callejón sin salida cuando formulamos la polaridad
entre el ideal liberal de conocimiento propio de Occidente y el modelo
totalitario surgido tanto de los regímenes socialistas del siglo  como
de los regímenes nacionalistas de corte totalitario. ¿Puede el conoci-
miento plural sustraerse a la trampa liberal de la voluntad moderna
de colonizar y dominarlo todo?
Frente a este callejón sin salida, es crucial distinguir entre una
pluralidad liberal, que opera como un mercado de ideas fragmentadas
y despolitizadas, y una pluralidad crítica. Mientras la primera reprodu-
ce la lógica expoliativa al convertir todo conocimiento en una mercan-
cía, la segunda se funda en el diálogo conictivo y las relaciones es-
tratégicas entre diferentes sistemas de conocimiento, y reconoce tanto
sus especicidades como las jerarquías de poder que los organizan. El
desafío para el psicoanálisis sería entablar un diálogo crítico con otros
conocimientos, como las epistemologías indígenas o las narrativas
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Una reflexión epistémica sobre la producción de conocimiento y la pluralidad
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comunitarias, sobre los modos contemporáneos del padecer, sin sub-
sumirlos a sus propios marcos conceptuales.
EL CONOCIMIENTO SITUADO
Haraway (2020) reere a la condición política del conocimiento de
la siguiente manera:
Las versiones del mundo real no dependen, por lo tanto, de una lógi-
ca de descubrimiento, sino de una relación social de conversación car-
gada de poder. El mundo no habla ni desaparece en favor de un amo
decodicador. Los códigos del mundo no están quietos, a la espera
de ser leídos. El mundo no es materia prima para la humanización.
(p. 342)
Para contrarrestar la condición de dominación vinculada a la
producción de conocimiento, la autora crea la noción de conocimiento
situado:
Los conocimientos situados requieren que el objeto del conocimien-
to sea representado como un actor y como un agente, no como una
pantalla o un terreno o un recurso, nunca como esclavo del amo
que cierra la dialéctica en su autoría del conocimiento «objetivo».
(Haraway, 2020, p. 341)
Esta noción apunta a construir una forma de conocimiento loca-
lizada, capaz de sustraerse a la condición colonial y expoliativa que
caracteriza al capitalismo moderno. Se trata de una producción de co-
nocimiento intrínsecamente política, en la que «los procesos de inves-
tigación son campos donde lo personal y lo político se entremezclan,
con potencial para transformar las relaciones de dominación y cons-
truir vínculos más igualitarios tanto en nuestra cotidianidad como en
nuestras investigaciones» (Gandarias Goikoetxea, 2014, p. 136).
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La noción de conocimientos plurales puede estar motivada por un
nivel político del conocimiento en el que, por un lado, se persigue una
dominación más exhaustiva de los fenómenos y, por otro, se intenta
avanzar hacia una perspectiva de autonomía decolonial. Este segundo
movimiento se encuentra en consonancia con una concepción política
de la salud mental según la cual los efectos del ejercicio del conoci-
miento tienen menos que ver con el negocio y la especulación mer-
cantil, y más con las formas de enfermar y padecer en relación con las
problemáticas locales.
Si seguimos los planteos de Pichon Rivière (1988) cuando dene
la salud como una adaptación activa a la realidad, advertimos que,
aunque este postulado surge de la intención de construir una psico-
logía social a partir del psicoanálisis, continúa siendo pertinente para
pensar la clínica. La práctica clínica y la participación democrática
mantienen una anidad signicativa: la historia reciente ha mostrado
cómo los regímenes totalitarios de nuestra región persiguieron siste-
máticamente el ejercicio psicoanalítico durante las dictaduras. Desde
que Freud formuló por primera vez la pregunta «¿Qué tiene usted que
ver?», se inauguró una terapéutica en la que el sujeto deja de ser un
objeto pasivo y se vuelve un agente implicado, portador de una verdad
propia, producto de un conicto que simultáneamente lo sostiene y lo
aliena.
No obstante, los regímenes de poder han reconocido el potencial
subversivo del conocimiento psicoanalítico, razón por la cual «la Razón
Occidental (razón jurídica, religiosa, moral y política, tanto como cien-
tíca) […] solo consintió rmar un pacto de coexistencia pacíca con
el psicoanálisis bajo la condición de anexionarlo a sus propias ciencias
o a sus propios mitos» (Althusser, 1970/2005, pp. 73-74). Por tanto, el
psicoanálisis no escapa a las lógicas de producción de conocimien-
to propias de un orden social capitalista, patriarcal, blanco y burgués
(Preciado, 2021). Aun cuando muchos psicoanalistas sostienen que su
práctica se inscribe en un campo de conocimiento atravesado por una
especicidad —la del Inconsciente—, dicha armación corre el riesgo
de operar como una forma de autoengaño. En efecto, puede funcionar
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como un síntoma de una profesión que fantasea con situarse por fuera
de las determinaciones del sistema social, político y económico en el
que, inevitablemente, se encuentra inscripta. El psicoanálisis se sostie-
ne sobre una tensión constitutiva: por un lado, elabora una teoría que
arma la existencia de una dimensión de la experiencia psíquica que
escapa a la conciencia; por otro, construye un corpus conceptual que
busca anclar, inscribir y jar ese fenómeno —o, más precisamente, ese
noúmeno (Kant, 1781/2007)— dentro de un marco teórico determinado.
Para Freud (1926/1992), los síntomas y los padecimientos de an-
gustia resultan de la compleja interacción entre las instancias psíqui-
cas, en lo que la realidad actúa como un factor decisivo frente al cual
el Yo responde. En el segundo modelo freudiano, la angustia emerge
como reacción del Yo ante la percepción de un peligro, y se congura
así como respuesta frente a aquello que lo amenaza.
Ahora bien, ¿no experimentamos hoy, en la contemporaneidad,
una vivencia casi constante de peligro que se traduce en angustia y
en los síntomas propios de nuestra época, como los altos niveles de
depresión y suicidio? Según cifras de la Organización Mundial de la
Salud (2021), 280 millones de personas padecen depresión y, cada año,
alrededor de 700 mil se quitan la vida; el suicidio es, además, la cuarta
causa de muerte entre los 15 y los 29 años. ¿No guarda relación esta
expoliación de la vida con los regímenes de conocimiento y con las
alianzas conocimiento-poder que estructuran y sostienen las formas
contemporáneas de organización social y política?
El desafío consiste en tensionar las teorías psicoanalíticas con la
noción de conocimiento situados en pos de una pluralidad de conoci-
mientos emancipadora. La apuesta por un conocimiento situado exi-
ge una práctica clínica consecuente. Esto implica, en primer lugar, el
abandono de la neutralidad, que a menudo encubre un posicionamien-
to particular universalizado. El analista, como sujeto situado, debe in-
terrogar cómo su propio lugar social (de género, clase, raza) congura
la transferencia y la contratransferencia. En segundo término, una clí-
nica situada se pregunta por la pertinencia de sus teorías y técnicas
frente a los padecimientos especícos de su contexto. La clínica ya no
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sería la aplicación de un conocimiento universal a un caso particular,
sino un espacio de coconstrucción de una verdad situada entre el ana-
lista y el analizante, ambos inmersos en una trama social común.
REFLEXIÓN
Pensar la pluralidad en psicoanálisis implica reconocer que nin-
gún conocimiento está fuera de las tramas históricas que lo producen.
La pluralidad no es en sí misma emancipadora, puede reproducir la
lógica liberal de fragmentación o abrir horizontes de resistencia frente
a las formas contemporáneas de biopoder. La pregunta crucial no es
si lo plural es deseable, sino qué régimen político de conocimiento lo
sostiene y qué efectos produce sobre los cuerpos, los sujetos y las for-
mas de padecer.
El psicoanálisis feminista encarna precisamente esta distinción
crucial, en la que lejos de sumarse a un pluralismo liberal que sim-
plemente añadiría «la perspectiva de la mujer» como una opción más
en el mercado de conocimientos, ejecuta el gesto epistémico de situar
críticamente el conocimiento. Autoras como Ana María Fernández,
Nancy Chodorow o Jessica Benjamin demostraron cómo conceptos
presentados como universales —la «envidia del pene», la «pasividad
femenina»— eran en realidad construcciones históricas que naturali-
zaban una visión patriarcal. Su trabajo no fragmentó el conocimiento,
sino que lo reinventó desde una posición situada, lo que dio lugar a
éticas del cuidado y nuevas conceptualizaciones del deseo que am-
pliaron críticamente el campo teórico-clínico.
En este sentido, la propuesta del conocimiento situado —ilustrada
de modo paradigmático por esta tradición— no constituye solo una
alternativa epistémica, sino una apuesta ética y política, un intento
por elaborar conocimientos capaces de desactivar la violencia concep-
tual que sostiene la expoliación de la vida en el capitalismo tardío. Se
trata de asumir que un psicoanálisis verdaderamente crítico debe ser
aquel que interrogue constantemente su propio lugar en el mapa de
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las luchas por el poder y la verdad. Lo aquí propuesto constituye ape-
nas un primer punto de partida: una invitación a reexionar sobre las
condiciones de producción del conocimiento y a considerar posibles
alternativas orientadas a la armación de la vida. En este sentido, tan-
to el psicoanálisis como la propia producción de conocimiento tienen
aún un amplio camino por recorrer.
* * *
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