Submitted: 3/12/2026
Accepted: 4/21/2026
Recebido: 12/3/2026
Aceite: 21/4/2026
Recibido: 12/3/2026
Aceptado: 21/4/2026
Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 7(1), enero-junio 2026, pp. 47-60.
ISSN: 2730-4833 (papel), 2730-4957 (en línea). DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/7.1.3
Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo
CASTELLANO, G. (2026). El duelo y otros desvíos.
Equinoccio. Revista de psicoterapia
psicoanalítica, 7
(1), 47-60. DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/7.1.3
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
EL DUELO Y OTROS DESVÍOS
MOURNING AND OTHER DETOURS
O LUTO E OUTROS DESVIOS
Gustavo Castellano
École Lacanienne de Psychanalyse
Montevideo, Uruguay
Correo electrónico: gustavocastellano23@gmail.com
ORCID: 0000-0003-2524-3458
Resumen
A partir de una singular forma de leer a Lacan, Jean Allouch propuso un novedoso
modo de acercarse al duelo, al punto de proponer una teoría sobre este. Esa teoría ha
tenido, entre otros efectos, una serie de publicaciones que siguieron algunas de las ideas
vertidas en su fermental libro de 1995, Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca. Este
artículo pone en diálogo a este autor con Pedro Lemebel, el escritor, cronista y performer
chileno, para mostrar una vez más que la literatura es un interlocutor para el psicoaná-
lisis. Se propone, además, homenajear a Allouch, en tanto su recorrido signicó un giro
en esta disciplina.
Palabras clave: duelo, erótica, Jaques Lacan.
Abstract
Drawing on a singular way of reading Lacan, Jean Allouch proposed an
innovative approach to mourning, to the point of developing a theory of it. Among
its effects, this theory inspired a series of publications that further explored ideas
rst presented in his seminal 1995 book The Erotics of Mourning in the Time of Dry
Death. This article brings Allouch into dialogue with Pedro Lemebel—the Chilean
writer, chronicler, and performer—to demonstrate once again that literature is
an interlocutor for psychoanalysis. It also seeks to pay tribute to Allouch, whose
intellectual trajectory marked a turning point in this discipline.
Keywords: mourning, erotics, Jacques Lacan.
Resumo
A partir de uma forma singular de ler Lacan, Jean Allouch propôs uma maneira
inovadora de abordar o luto, chegando a formular uma teoria sobre ele. Essa teoria pro-
duziu, entre outros efeitos, uma série de publicações que desenvolveram algumas das
ideias apresentadas em seu livro seminal de 1995, Erótica do luto nos tempos da morte
seca. Este artigo coloca esse autor em diálogo com Pedro Lemebel, escritor, cronista e
performer chileno, para mostrar mais uma vez que a literatura é uma interlocutora da
psicanálise. Propõe-se, ainda, homenagear Allouch, na medida em que sua trajetória
representou uma virada nessa disciplina.
Palavras-chave: luto, erótica, Jacques Lacan.
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PRIMER DESVÍO 1
Con la Hilda llegamos en el bus esa última pascua cuando mi
Gladys se nos iba. Y le pedí a la Chinita de Andacollo por mi amiga
enferma. Pero parece que la Virgen no me escuchó, estaba sorda
con tanto tambor y matracas que sonaban en el pueblo día y noche.
La Virgen se hizo la lesa mirando a la multitud desde tan arriba.
Y aunque por los parlantes de la catedral la voz retumbona de un
cura nombraba a Gladys pidiendo por su salud, la Virgen estaba
más preocupada de las comparsas, de los cabros chicos disfrazados
brincando en el polvo. La Virgen, entera decorada, no me escuchó
por el tamboreo de los miles de peregrinos que llegan a Andacollo
cada año, pidiéndole tantas cosas, tantos favores. […] Algún pino-
chetista se persigna con agua bendita arrepintiéndose de su pasado.
Detrás de una columna, una actriz de teleserie se cubre la silicona,
pidiéndole a María que la ayude a conseguir el papel en esa pelícu-
la. (Lemebel, 2016, pp. 40-41)
EL MUERTO
El escritor —en una suerte de guiño— nos confronta con esa cer-
teza tan extraña de no saber dónde está el muerto, si es que se ha ido,
si sigue entre nosotros (de hecho, sigue entre nosotros en la medida
en que no muere en nuestras palabras). Y nos regala un guiño quien
escribe estos recuerdos, anteriores al tiempo de la partida. ¿No sabe
acaso de la muerte de su amiga? ¿La realidad de la que tanto saben y
opinan algunos psi no le ha mostrado, demostrado, tras ingentes prue-
bas, que su amiga está muerta? ¿Qué querrá decir toda la ironía, toda
1 Este artículo fue aprobado por el editor Mariano Revello.
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El duelo y otros desvíos
Gustavo Castellano
la rabia incluso, o el desdén de ese que vive entre los muertos, con los
muertos, contra los muertos?
SEGUNDO DESVÍO
Este será otro Once sin mi Gladys oreando de claveles rojos la ma-
ñana de septiembre. Será otro Once con el Partido Comunista toman-
do tecito con el enemigo. Será otro Once con Michelle en palacio aho-
rrando palabras con una muda oración. Será otro Once invisibilizado
con el derrumbe fastuoso de las torres gemelas. Quizás, un Once de
barricadas y molotovs estudiantiles para animar el tedio de la mar-
cha. Sin Gladys, por supuesto. Sin su hermosa presencia, dándome
la mano cuando llegaban los pacos y quedaba la cagada. Y teníamos
que apretar cueva entre el humo picante y los tunazos en el cemen-
terio. (Lemebel, 2016, p. 46)
EVIDER L’ÉVIDENCE
Las anteriores son palabras de Pedro Lemebel, escritor, cronista,
performer, artista visual, marica linda chilena, recordando a su entra-
ñable amiga Gladys Marín en una recopilación de escritos dedicados a
quien fuera su gran compañera de ruta.
En abril de 2023, en una actividad organizada por la École Lacanienne
de Psychanalyse, en Ciudad de México, Sayak Valencia —autora de los
libros Capitalismo Gore (Melusina, 2010) y Transfeminismos y políticas post-
mortem. Sayak Valencia dialoga con Sonia Herrera Sánchez (Icaria, 2021)—
fue invitada a exponer y luego conversar con el público presente. Tras
su cautivante intervención, Valencia y los presentes nos encontramos
sumamente interesados en lograr establecer algunos puntos de cruce
entre su producción y lo que en la École Lacanienne se viene trabajando
desde hace tiempo en relación con la consigna que Jean Allouch lanzó:
«Acoger los estudios gays y lesbianos». En esa misma dirección, fue a
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partir de 1998 que las publicaciones de la revista L’Unebévue dieron el
puntapié inicial para la creación de la importante colección Clásicos de la
erotología moderna, de Epel, que lleva publicados más de treinta títulos.2
Entre sus autores guran varios importantes como Leo Bersani, David
Halperin, John Winkler, Pat Calia, Judith Butler, Claude Calame, Vernon
Rosario, Gayle Rubin y un largo etcétera.
Fue en el preciso momento en que escuchaba a Valencia y pen-
saba en estas cosas, que vino a mí el recuerdo de Pedro Lemebel, su
manera de estar en el Partido Comunista Chileno y su forma de decir
algunas cosas. Intenté hacer referencia a esto, pero no encontraba las
palabras justas, cuando Valencia me dijo: «Un comunismo marica».
«¡Eso!», casi grité, chasqueando los dedos. Entonces, convinimos que el
punto de cruce entre su propuesta y mi línea de trabajo estaba en que
el análisis también puede ser una práctica divertida, humorística, có-
mica —con todo el alcance que Jacques Lacan le daba a ese adjetivo—,
no exenta de neza, con cierto estilo para nada solemne, aburrido ni
mucho menos trascendental.
Una de las enseñanzas que Allouch extrajo de su lectura de Lacan
es que, como en el ciclo griego, la tragedia no puede evitarse, pero el
pasaje hacia otra cosa, hacia el registro de la comicidad, es un reco-
rrido posible para el doliente (Castellano, 2000). No quisiera dejar de
señalar, a modo de insumo para la lectura de los textos allouchianos,
que Jean Allouch ha sido rigurosamente el a una máxima de Lacan:
«évider l’évidence» (‘vaciar la evidencia’). Su original recorrido en torno a
la cuestión del duelo no será una excepción. Con el paso de los años, se
acentuará cada vez más en su obra esa orientación de no dar por evi-
dente ni por probado nada de lo que Lacan arma. Incluso buscará teo-
rías lacanianas en los resquicios del decir de Lacan; hasta le hará decir
cosas que llevan a preguntarse: «Pero ¿de quién son esas palabras?».
En mi lectura, esa posición y la irrelevancia misma de responder a esa
pregunta constituyen ya una enseñanza.
2 Actualmente, los responsables de esta colección abierta son Sandra Boehringer,Lau-
rie Laufer y Gonzalo Percovich.
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El duelo y otros desvíos
Gustavo Castellano
ALGUNOS EFECTOS DE ERÓTICA DEL DUELO
Un primer movimiento respecto de esta novedosa manera de abor-
dar la cuestión del duelo será, entonces, señalar algunos de los efectos
que ha tenido y que sigue teniendo la publicación del libro Erótica del
duelo en el tiempo de la muerte seca, de Allouch (1996). Se trata de un libro
que recoge la escritura de un seminario que tuvo también su pasaje
por la ciudad de Montevideo, a comienzos de los años noventa, bajo el
título El insustituible objeto del duelo.
Un primer efecto constatable ha sido la aparición de una serie de
publicaciones nacidas del impulso y del giro que Allouch introdujo en
relación con el duelo, la muerte, los muertos y, por último —aunque no
menos importante—, con la implicación de quien dice y escribe en sus
propios textos. Cabe mencionar, además, que en la École Lacanienne
de Psychanalyse esta intervención constituyó un verdadero aconte-
cimiento y dio lugar a una cantidad considerable de trabajos de sus
miembros. En parte, lo que Allouch hizo fue recoger la enseñanza de
algunos historiadores; más adelante, sin embargo, surgirían otros tex-
tos en conexión directa con su propuesta.
Solo por mencionar algunos, pueden citarse los trabajos A la salud
de los muertos, de Vinciane Despret (La Découverte, 2015) —un libro que
ha sido muy leído en estas latitudes—, Vivir con nuestros muertos: Pequeño
tratado de consuelo, de Delphine Horvilleur (Grasset, 2021), Una presencia
ideal, de Eduardo Berti (Alianza, 2020), y Cuerpos sin duelo: Iconografías y
teatralidades del dolor, de Ileana Diéguez (Documenta Escénicas, 2013).
La lista es extensa y, en la mayoría de los casos, la referencia a la reno-
vadora propuesta de Allouch aparece de manera explícita.
Cuando llegó a mis manos el libro de Allouch Marguerite, Lacan la
llamaba Aimée —cuyo título original es Marguerite ou l’Aimée de Lacan,
no pude dejar de releer, una y otra vez, la dedicatoria que abre ese en-
sayo. La leía en un estado que me atrevería a llamar confusional, porque
allí aparecían dos palabras cuya conciliación resultaba, para mí, ex-
tremadmente difícil: «Junto con Marguerite, dedico este estudio de clí-
nica psicoanalítica a aquellos habitados por la terroríca experiencia
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erótica del hijo muerto» (Allouch, 1995, p. 8). No se trata solamente de
que la frase sea conmovedora, reveladora, casi una confesión. Se trata
también de que pone en relación dos adjetivos que, antes de leer estos
trabajos de Jean Allouch, parecían incompatibles: terroríca y erótica.
Esa articulación queda redoblada y, de algún modo, esclarecida, en la
manera que concluye el «Envío» de Erótica del duelo: «Que pueda este
libro restablecer lo macabro en su función de suscitación del deseo en
el viviente» (Allouch, 1996, p. 15).
«¡QUE TE SIRVA DE VELA!»
Al comienzo de Erótica del duelo, Allouch (1996) introduce una breve
anécdota situada en el patio de una escuela en México, donde existe
una relación singular con la muerte, algo que lo impactó profunda-
mente en sus primeras visitas. La escena ocurre durante el recreo: un
niño mayor, presumiblemente más fuerte, le arrebata violentamente
a otro, más pequeño, un objeto importante, aunque el relato no ex-
plicita de qué objeto se trata. El niño pequeño se encuentra entonces
ante una doble imposibilidad: no poder denunciar al agresor ante los
adultos, ya que eso lo dejaría, a los ojos de todos, en el lugar de soplón;
y no poder evitar someterse a la ley del más fuerte. Frente a esa encru-
cijada, opta por aquello que Allouch denomina una solución mexicana.
Le dice al ladrón: «¡Que te sirva de vela!», frase que se completa con
un «para tu entierro». De este modo, aquel objeto precioso, mediante
un acto de palabra, pierde su valor para quien lo poseía originalmente,
algo que ya no merece ser recuperado y que, al mismo tiempo, no le
servirá de nada a quien lo arrebató. Conviene subrayar que se trata
precisamente de un acto de palabra, lo cual relativiza, o al menos pone
en cuestión, la idea de que solo podamos llamar acto a aquello que
pertenece al orden de la actuación.3
3 A tales efectos, convendrá tener en cuenta las teorizaciones de John L. Austin a
propósito de la performatividad de las palabras.
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El duelo y otros desvíos
Gustavo Castellano
Resulta interesante poner énfasis en una conclusión que se extrae
de esta historia, en la que está en juego un objeto deseable, aquello
que Lacan, en el seminario sobre la transferencia, extrajo del texto
platónico con manos de no orfebre: el agalma (Lacan, 1960), un obje-
to que hará su recorrido hasta desembocar en el objeto a. Conociendo
algunas posiciones de Allouch, creo que no le habría complacido del
todo esta versión que propongo de un trayecto que iría del agalma
al objeto a como si se tratara de un proceso, de un desarrollo lineal.
Allouch situaba el objeto a del lado de la invención, de un acto produ-
cido sorpresivamente, incluso para el propio Lacan, en el curso de su
seminario sobre la angustia, y del cual necesariamente debió extraer
consecuencias (Lacan, 1962). La conclusión que Allouch obtiene de
esta pequeña anécdota ocurrida en el patio de la escuela es que aquel
a quien le fue robado ese objeto se ve: «Violentamente transformado
en deseante, en erastés, cuando se paseaba tranquilamente como por-
tador del objeto maravilloso, como el erómenos que acaso no sabía
que era» (Allouch, 1996, p. 12).
Como consecuencia de una pérdida nos convertimos en sujetos
de deseo. A partir de esa armación, los términosmacabroyeróticoco-
mienzan a aproximarse. La cuestión del duelo y los asuntos de la
muerte deben enfrentarse con la pulsión, con sus anclajes, sus mar-
cas, sus recorridos, y, nalmente, con su objeto. Ese objeto fue señala-
do de manera contundente por Freud como objeto contingente; es decir,
como un objeto que puede ser cualquiera. A ello agregaría que puede
ser cualquiera hasta el punto que, para cada quien, no es cualquiera.
Está señalado, marcado por ciertos trazos, por la injerencia del Otro;
por la injerencia del Otro en el cuerpo, para ser estrictos. Hay un punto
decisivo en esta misma dirección, que de hecho ya aparece formulado
como pregunta en Duelo y melancolía, de Freud (1917/1979): ¿qué se lle-
va el muerto consigo? Dice Freud: «él sabe a quién perdió, pero no lo
que perdió en él» (1917/1979, p. 243).
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UN SUEÑO DE JEAN ALLOUCH
Allouch tiene un sueño durante el vuelo que lo trae al Río de la
Plata, sueño que relatará al comienzo de su seminario en Montevideo,
en diciembre de 1993. Se trata de un robo ocurrido en su consultorio.
El sueño se sitúa en el tiempo del duelo por la muerte de su hija en un
accidente de tránsito. Ante el estupor de encontrar el consultorio com-
pletamente vacío, despojado de muebles y decorados, la frase desola-
da que aparece es: «Me han robado todo». Ciertamente, se trata de una
frase que podemos haber escuchado más de una vez cuando alguien
pierde a un ser querido. Sin embargo, decir que se ha perdido todo, en
rigor, no dice demasiado si entendemos que el ejercicio analítico no
apunta a las generalidades ni a los universales, sino al detalle, a la po-
sibilidad de cercar algunos lugares. Se trata, en denitiva, de producir
aquellos rasgos que construyen y constituyen una subjetividad, rasgos
que, por supuesto, no son estables ni inmodicables.
La propuesta de Allouch quedará condensada en una fórmula, en
un matema, como solía decir Lacan:(1 + a). La muerte de alguien por
quien nos ponemos de duelo no se lleva solamente el cuerpo y la vida
del muerto; con él se va también un pequeño trozo de sí, representado
por esa a. Ahora bien, conviene advertir que respecto de ese no es
posible determinar con precisión a quién pertenece, sino que es algo
que se produce entre. Y es precisamente eso lo que nos lleva a interro-
garnos acerca del estatuto del muerto y del lugar que pasa a habitar.
Se trata, ciertamente, de un lugar difícil de establecer. ¿Está el
muerto en el sitio donde lo enterramos? ¿Está en el cielo?, ¿en las
cenizas que arrojamos al mar?, ¿en cada objeto que de él nos quedó?,
¿en nuestros recuerdos? ¿Dónde está, exactamente? No resulta sen-
cillo precisar cuál es ese lugar en el que el muerto se mueve. Se fue,
pero puede volver. Vuelve, incluso, bajo la forma de un espectro, de un
alma en pena, de una energía que se siente en la casa, de un aroma
en la ropa. Puede sorprendernos en una pesadilla, en una alucinación,
en un falso reconocimiento, en una carta que llega tarde o aparece
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olvidada en un cajón. También en un audio que quedó durmiendo,
inadvertido, en WhatsApp.
Seguramente algunas de las palabras utilizadas en el párrafo an-
terior harán que el lector se ponga a pensar en la locura. Y, efectiva-
mente, Allouch (1996) armará:
Por haber debido admitir que un hijo muerto constituía lo medu-
lar de la locura entre varios, que incluía la de Marguerite Anzieu,
la Aimée de la tesis de Jacques Lacan […] esa locura había sido, de
parte a parte, un duelo, la intempestiva declaración según la cual
ella no había hecho su duelo, se me presentó en toda su obscenidad.
¡Justamente, ese duelo ella lo hacía en su locura! (p. 18)
Uno de los vectores que ha orientado, que ha marcado una di-
rección en la École Lacanienne, es el de la despatologización. Vale
decir que desde esta postura se cuestionan pares tales como salud-
enfermedad, es decir que no se trata de patologías ni de enfermedades
mentales con las que uno tiene que lidiar.
Muchos años después del libro sobre el duelo, en una intervención
que Allouch realizó en Estrasburgo en 2020, retomará la conocida fra-
se de Pascal: «Los hombres están tan necesariamente locos que sería
otra forma de locura no estar para nada loco» (Allouch, 2020, p. 1). Y,
renglón seguido, aparece esta cita:
También Lacan rechazó la distinción loco/no-loco, no hay en él esos
dos lados, ese muro, ese connamiento de algunos, como esa con-
tención que pretende una justicación, como una continencia que
discrimina a los cuerdos de los otros, , los enfermos mentales.
No hay en Freud, en Foucault, en Lacan ni en algunos otros, 
y… . (Allouch, 2020, p. 1)4
4 Ambas citas de la obra de Allouch de 2020 son traducciones propias.
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UN TRIDENTE
Hay una suerte de tridente que Allouch critica de Duelo y melanco-
lía, de Freud (1917/1979): trabajo del duelo, prueba de realidad, objeto
sustituible. Me parece que sus críticas pueden estar más justicadas
si se dirigen al hacer de los postfreudianos5 y a lo que ha sobrevenido
como una notoria medicalización e incluso protocolización del duelo.
A Allouch le inquietaba particularmente esa cuestión de que pudiera
concebirse y aceptarse que algo que se había ido con el muerto —ese
pequeño trozo de sí— tuviera un sustituto; de allí el título que puso a
su seminario de Montevideo: El insustituible objeto del duelo. Otro pun-
to que critica es que el duelo haya sido elevado a la categoría de un
trabajo, lo que pondría al asunto del lado de una posible ganancia,
retribución o intercambio, cuando, en su concepción, se trata de un
movimiento que es a pura pérdida.
Una posible denición de análisis sería que es una forma de arre-
glarse con las pérdidas. Entiendo que el libro de Allouch (1996) y sus
reexiones en torno al duelo están dirigidos a quienes están concerni-
dos por el análisis, ya sea en su condición de analizantes o de practi-
cantes de tal método. Quiero decir con esto que no tiene nada de obje-
table que alguien se acerque a un análisis porque ha perdido a un ser
querido y pretenda que algo de eso regrese, se repare o se sustituya. Es
una manera, tan legítima como cualquier otra, de plantear las cosas.
El asunto es qué hace un analista con eso.
Lo que este libro propone es «que el duelo sea llevado a su esta-
tuto de acto» (Allouch, 1996, p. 9). Quienes intercambian ideas con-
migo saben que una de mis preocupaciones centrales es aquello que
llamo, irónicamente, «el buen lacaniano». Más precisamente, tiene
que ver con esa frase de Lacan que mencioné al comienzo y que, en
5 Las críticas a Freud exigen desplegar un trabajo más de cerca con Duelo y melancolía,
que nos permita situarlo como un texto surgido —como cualquier otro— en una
época, contexto y debates que podrían perfectamente ubicarse, y sin ningún afán
prescriptivo. Lo que se hizo a posteriori con ese escrito es harina de otro costal. Lo
que se hace actualmente con los manuales diagnósticos es también otro asunto.
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mi lectura, Allouch tomó con absoluta seriedad:«évider l’évidence» o
«vaciar la evidencia». Este es el modo en que algunas formulacio-
nes se transforman rápidamente en prescripciones y pierden así la
esencia de aquello que estaba en cuestión. A menudo se publican
trabajos que contienen hallazgos realmente potentes, pero que hacia
el nal se desmerecen cuando, de pronto, aparecen fusiones apresu-
radas con algunas de las cuestiones que Allouch venía trabajando.
Entonces, todo queda comprimido, como en esa frase popular según
la cual hay que empujar la puerta de la heladera para que entren
todos los zapallos. Hacerse eco livianamente de fórmulas como «la
clínica es el duelo» o «el duelo se resuelve con un acto» puede condu-
cirnos a buscar denodadamente el bendito acto resolutivo, el sacri-
cio gratuito, e incluso a encontrarlo.
Mi lectura de este libro de Jean Allouch es una línea que quizá
comienza a dibujarse con Erótica del duelo: una manera de concebir
el ejercicio analítico fuertemente arraigada en la transferencia como
pivote central y en el acto analítico. Allouch se introduce en ese de-
bate con rmeza, con una contundencia comunicativa notable, algo
que podía advertirse en el fenómeno que constituían sus seminarios
y en la forma en que, por momentos, se tensaba la cuerda con su pú-
blico. A ello se suma el enorme riesgo, y también el atrevimiento, de
esclarecer desde el inicio cuál era su propia implicación en el asunto,
algo que, según me dijo una vez, había causado una gran conmoción
en París.
El análisis, tal como lo entiendo a partir de Allouch, no es un ejer-
cicio del pensamiento, sino una práctica en acto. Podría resumirse en
aquella fórmula lacaniana según la cual el analista es allí donde no
piensa, y allí donde piensa no es. No se trata, en primer término, de
formular elaboraciones, construcciones o interpretaciones. El asunto
pasa por el acto. Casi aquello a lo que Lacan aspiraba: un discurso sin
palabras. En ese sentido, puede acordarse en que el acto es resolutivo.
Pero habría que precisar: ¿resolutivo de qué? De un cierto impasse.
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ÚLTIMO DESVÍO
Para terminar, estaría tentado de repetir las tantas veces citadas
palabras de Freud, las que rezan que lo que él no nos pudo decir ha-
brá que preguntárselo a los poetas. O incluso las del propio Allouch,
nuestro homenajeado de hoy, quien hace algunos años ya ––creo que
fue la última vez que estuvo en Montevideo––, conversando con un
estudiante, le dijo que para el análisis no había más camino que recu-
rrir a la literatura. Entonces, voy a terminar desviándome nuevamente
hacia Lemebel (2016):
A un año de tu partida, los recuerdos se me cruzan en el aire como
pájaros ciegos, como alondras expatriadas; las imágenes no pueden
recuperar el color lejano de tu abandono. No sé qué decir, pero lo
que sí sé es que tú me entiendes, porque aún no despierto, aún no
resucito desde aquella noche cruel en que te fuiste, niña mía. Desde
entonces no tiene mucho que decir este corazón atolondrado que no
se convence cuando le digo que nunca más reiremos juntas, nunca
más lloraremos juntas, nunca más marcharemos juntas, nunca más
pelearemos juntas.
Hace un siglo que te fuiste y cada noche dejamos la puerta entrea-
bierta por si quisieras regresar.
Todo lo que no hicimos se quedó en ese orido balcón esperándonos.
(p. 67)
* * *
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Gustavo Castellano
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