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Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 7(1), enero-junio 2026, pp. 47-60.
ISSN: 2730-4833 (papel), 2730-4957 (en línea). DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/7.1.3
partir de 1998 que las publicaciones de la revista L’Unebévue dieron el
puntapié inicial para la creación de la importante colección Clásicos de la
erotología moderna, de Epel, que lleva publicados más de treinta títulos.2
Entre sus autores guran varios importantes como Leo Bersani, David
Halperin, John Winkler, Pat Calia, Judith Butler, Claude Calame, Vernon
Rosario, Gayle Rubin y un largo etcétera.
Fue en el preciso momento en que escuchaba a Valencia y pen-
saba en estas cosas, que vino a mí el recuerdo de Pedro Lemebel, su
manera de estar en el Partido Comunista Chileno y su forma de decir
algunas cosas. Intenté hacer referencia a esto, pero no encontraba las
palabras justas, cuando Valencia me dijo: «Un comunismo marica».
«¡Eso!», casi grité, chasqueando los dedos. Entonces, convinimos que el
punto de cruce entre su propuesta y mi línea de trabajo estaba en que
el análisis también puede ser una práctica divertida, humorística, có-
mica —con todo el alcance que Jacques Lacan le daba a ese adjetivo—,
no exenta de neza, con cierto estilo para nada solemne, aburrido ni
mucho menos trascendental.
Una de las enseñanzas que Allouch extrajo de su lectura de Lacan
es que, como en el ciclo griego, la tragedia no puede evitarse, pero el
pasaje hacia otra cosa, hacia el registro de la comicidad, es un reco-
rrido posible para el doliente (Castellano, 2000). No quisiera dejar de
señalar, a modo de insumo para la lectura de los textos allouchianos,
que Jean Allouch ha sido rigurosamente el a una máxima de Lacan:
«évider l’évidence» (‘vaciar la evidencia’). Su original recorrido en torno a
la cuestión del duelo no será una excepción. Con el paso de los años, se
acentuará cada vez más en su obra esa orientación de no dar por evi-
dente ni por probado nada de lo que Lacan arma. Incluso buscará teo-
rías lacanianas en los resquicios del decir de Lacan; hasta le hará decir
cosas que llevan a preguntarse: «Pero ¿de quién son esas palabras?».
En mi lectura, esa posición y la irrelevancia misma de responder a esa
pregunta constituyen ya una enseñanza.
2 Actualmente, los responsables de esta colección abierta son Sandra Boehringer,Lau-
rie Laufer y Gonzalo Percovich.