¿PUEDEN LOS CHATBOTS EJERCER
EL ANÁLISIS? PSICOANÁLISIS, TÉCNICA
Y SUBJETIVIDAD EN LA ERA DE LA IA
CAN CHATBOTS PRACTICE ANALYSIS?
PSYCHOANALYSIS, TECHNIQUE, AND SUBJECTIVITY
IN THE AGE OF AI
PODEM OS CHATBOTS EXERCER A ANÁLISE?
PSICANÁLISE, TÉCNICA E SUBJETIVIDADE NA ERA DA IA
José De Souza
Asociacion Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica
Montevideo, Uruguay
Correo electrónico: jooseedesouza@gmail.com
ORCID: 0009-0003-8543-4456
Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 7(1), enero-junio 2026, pp. 109-121.
ISSN: 2730-4833 (papel), 2730-4957 (en línea). DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/7.1.7
Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo
DE SOUZA, J. (2026). ¿Pueden los chatbots ejercer el análisis? Psicoanálisis, técnica y
subjetividad en la era de la IA.
Equinoccio. Revista de psicoterapia psicoanalítica, 7
(1),
109-121. DOI: doi.org/10.53693/ERPPA/7.1.7
Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
Recibido: 14/3/2026
Aceptado: 29/4/2026
Submitted: 3/14/2026
Accepted: 4/29/2026
Recebido: 14/3/2026
Aceite: 29/4/2026
Resumen
El avance de las inteligencias articiales conversacionales introduce una escena
inédita: cada vez más personas recurren a chatbots para hablar de su malestar y buscar
respuestas inmediatas. Este trabajo retoma la interrogante freudiana sobre si los legos
podían ejercer el análisis, para preguntarse si los chatbots podrían ocupar ese lugar. El
artículo utiliza esta pregunta como vía para repensar qué dene la práctica analítica.
A partir de aportes de Freud, Foucault y Habermas, se examinan las diferencias entre
una racionalidad instrumental orientada a producir respuestas y la experiencia analí-
tica como espacio intersubjetivo donde la palabra, la escucha y el vacío permiten que
emerja algo del sujeto.
Palabras clave: lenguaje, inconsciente, vínculo, tecnología.
Abstract
The advancement of conversational articial intelligences has introduced an
unprecedented scenario: increasing numbers of people are turning to chatbots to talk
about their distress and seek immediate answers. This paper revisits Freud’s question
of whether laypersons could practice analysis in order to ask whether chatbots might
occupy that position. The article uses this question as a way of rethinking what
denes psychoanalytic practice. Drawing on contributions from Freud, Foucault, and
Habermas, it examines the differences between an instrumental rationality oriented
toward producing answers and the analytic experience as an intersubjective space in
which speech, listening, and emptiness make it possible for something of the subject
to emerge.
Keywords: language, unconscious, bond, technology.
Resumo
O avanço das inteligências articiais conversacionais introduz uma cena inédita:
cada vez mais pessoas recorrem a chatbots para falar de seu mal-estar e buscar respos-
tas imediatas. Este trabalho retoma a interrogação freudiana sobre se os leigos poderiam
exercer a análise, para perguntar se os chatbots poderiam ocupar esse lugar. O artigo
utiliza essa questão como via para repensar o que dene a prática analítica. A partir das
contribuições de Freud, Foucault e Habermas, examinam-se as diferenças entre uma
racionalidade instrumental orientada à produção de respostas e a experiência analítica
como espaço intersubjetivo no qual a palavra, a escuta e o vazio permitem que algo do
sujeito emerja.
Palavras-chave: linguagem, inconsciente, vínculo, tecnologia.
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INTRODUCCIÓN1
En los últimos años, a una velocidad propia de las nuevas tecno-
logías, las inteligencias articiales () conversacionales han pasado
de ser herramientas experimentales a integrarse progresivamente en
múltiples ámbitos de la vida cotidiana. Sistemas capaces de producir
textos, responder preguntas o sostener diálogos relativamente com-
plejos comienzan a utilizarse para tareas muy diversas, que van desde
el análisis de documentos laborales hasta la consulta sobre cuestiones
personales.
En ese contexto, no resulta extraño que algunas personas recurran
a estas tecnologías para hablar sobre sus preocupaciones, sus con-
ictos o su malestar emocional. La disponibilidad constante de estos
sistemas, su capacidad para responder de forma inmediata y la sensa-
ción de interlocución que generan los vuelven dispositivos particular-
mente atractivos para quienes buscan una instancia de escucha o de
respuesta instantánea.
Este fenómeno plantea interrogantes relevantes para distintas dis-
ciplinas. El psicoanálisis2 no puede permanecer ajeno a la pregunta
por el lugar que estas tecnologías podrían ocupar en relación con el
sufrimiento psíquico. La interrogante que guía este trabajo es: ¿pue-
den los chatbots ejercer el análisis?
La pregunta remite a la formulada por Freud (1926/1976b) hace un
siglo. En 1926, en el contexto de un debate ético, Freud publicó su texto
1 Este artículo fue aprobado por la editora María Eugenia Noble.
2 A los efectos de mejorar la uidez de la lectura, se utilizará la expresión psicoanálisis
en singular. Sin embargo, esta designación remite al campo plural de los psicoanáli-
sis, entendiendo que la diversidad de orientaciones, lecturas y prácticas surgidas a
partir de la obra que Freud inauguró constituye hoy una condición necesaria para
pensar su vigencia.
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¿Pueden los legos ejercer el análisis? Allí defendía la posibilidad de que el
psicoanálisis fuera practicado por personas que no poseían formación
médica, siempre que contaran con una formación analítica adecuada.
La analogía entre ambas preguntas es evidentemente imperfecta. Las
inteligencias articiales no son sujetos humanos ni participan de una
formación analítica. Sin embargo, la comparación permite situar el
problema en un plano más amplio: el de aquello que dene la práctica
psicoanalítica y las condiciones que la hacen posible. En este sentido,
la pregunta por los chatbots no debe leerse solamente como un inte-
rrogante técnico, sino también como una ocasión para volver a pensar
qué es lo que distingue la experiencia analítica de otras formas de
conversación o de producción de sentido.
DIOS CON PRÓTESIS
La cuestión de las  no puede pensarse sin considerar el lugar que
la téchne ocupa en la cultura.
El hombre se ha convertido, en una suerte de dios-prótesis, por así
decir, verdaderamente grandioso cuando se coloca todos sus órganos
auxiliares; pero estos no se han integrado con él, y en ocasiones le
dan todavía mucho más trabajo. (Freud, 1930/1976, p. 90)
La metáfora dios-prótesis resulta especialmente sugerente para
pensar la contemporaneidad. Freud (1930/1976) señala que estos
avances de la tecnología funcionan como una extensión de las capa-
cidades humanas, pero advierte también que esas prolongaciones no
se integran sin conictos a la vida psíquica. Las tecnologías amplían
nuestras posibilidades, pero también generan nuevas formas de de-
pendencia, nuevas expectativas y nuevos malestares. Las  pueden
pensarse como una etapa particularmente avanzada de este proceso,
el propio Freud en el mismo texto indica que el progreso no termina
en lo conocido en 1930 y vaticina un futuro inimaginable. Hoy en día,
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las  no se limitan a ampliar las capacidades físicas o perceptivas
del ser humano, sino que intervienen directamente en el campo del
lenguaje y del pensamiento. En este sentido, pueden ser consideradas
como prótesis simbólicas o cognitivas, capaces de participar en proce-
sos tradicionalmente asociados a la actividad humana, como escribir,
traducir, resumir, explicar o conversar. Entonces, ¿pueden los chatbots
ejercer el análisis?
Quizás podamos coincidir en que la respuesta vinculada a la ca-
pacidad de la  para constituir un espacio de análisis, va a ser un no
rotundo entre colegas. Creo que el motivo ético de los textos referidos
de Freud vuelve a tener vigencia y puede abrir al menos dos caminos
para reexionar.
DESDE EL USUARIO
Hace más de veinte años la revolución de internet y el acceso a las
búsquedas en línea abrieron un universo de información a los legos.
En ellas se introducía una consulta y el buscador enlistaba miles de
páginas, el usuario tenía que elegir a cuál ingresaba para encontrar la
respuesta o ir construyendo una con la lectura de varias de las páginas
dadas. Este era un estilo de consulta casi bibliográca, solo que ya no
era en una biblioteca física, sino que abarcaba todo a lo que el busca-
dor tenía acceso virtual, lo que estaba en línea.
El cambio de paradigma tecnológico que estamos atravesando, de
manera tan rápida como sutil, puede resultar imperceptible. Hoy las
personas ya ni siquiera tienen que dedicarse a buscar o elegir a qué
respuesta ni enlace ingresar. Mucho menos leer varias páginas para
construir su propia respuesta. Ya no es una búsqueda, es una con-
versación, o eso busca emular. Se introduce un prompt3 con diferentes
3 La denición técnica establece que un prompt es una entrada de texto que sirve
como punto de partida para que un modelo de  genere contenido. Es el gatillo que
activa la capacidad generativa del sistema y determina, en gran medida, la calidad
y la relevancia de la respuesta obtenida.
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estilos: una duda, un síntoma, un listado, una orden o una frase, y se
recibe una respuesta en tiempo real que inicia una conversación. La
misma suele siempre validar al usuario, esto signica que la  va a
darle la razón en lo que este haya planteado y tratará de darle una
respuesta, aun cuando no lo entienda cabalmente. No habrá un vacío
del lado del chatbot, tampoco habrá lugar para la duda; la  siempre
buscará construir una respuesta o llevar al usuario hasta un terreno
donde entienda que hay una respuesta.
Los usuarios o consultantes-pacientes que necesitan respuestas
¿pueden ver la diferencia entre un espacio como el del análisis y una
respuesta de la ? Es cada vez más notorio que las personas comien-
zan a utilizar estas herramientas con  en búsqueda de respuestas
de alivio. Si están desbordados o sufriendo y tienen esa herramienta en
cualquier momento y en cualquier lugar, ¿qué harán?
Transitamos una época en la que el vacío inhabilita, donde parece
que la duda ya no produce creatividad, sino parálisis. Es un tiempo en
el cual las respuestas tienen que ser procesadas en segundos y donde
estamos expuestos a bombardeos de informacion, recetas y modos de
vivir ajustados a la rapidez y fugacidad contemporánea, o donde se ha
perdido la atención del usuario.
Podemos hipotetizar con Foucault (1966/1978) que este avance
tecnológico genera un cambio de los procesos de saber y de verdad en
estas respuestas inmediatas que dan estas plataformas con . Donde
el hombre comienza a quedar descentrado de su lugar de poder ante
esta invención reciente, estas tecnologías comienzan a detentar un
lugar que quizás aún no logramos comprender. Y aquí la pregun-
ta que Foucault buscó responder entre Nietzsche y Mallarmé sobre
quién habla, en relación con el lenguaje y la palabra, podría resigni-
carse a qué habla, en torno a la cosa: los servidores que están al otro
lado de ese diálogo simulado y que responden a una lógica de poder
de grandes empresas impersonales… ¿tenedoras o habilitadoras del
conocimiento?
Esta aceleración temporal en las búsquedas, este cambio de para-
digma en lo tecnológico, va impactando en los procesos psíquicos, ya
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no solo de los nativos digitales, sino en los de todos. Esto es, sin lugar a
dudas, parte del trabajo al que Freud entendía como costo al no poder
integrar las prótesis a nuestra humanidad.
¿Cómo impacta hoy, en el espacio analítico, esta inmediatez del
paciente? En estas condiciones, el interés del consultante no parece
orientarse tanto hacia la posibilidad de pensarse en relación con un
vínculo o con la escucha de un otro real, sino hacia la obtención de
una respuesta que convenza, que alivie, que calme. ¿La respuesta ali-
via? ¿Qué lugar se da hoy a la incertidumbre, al vacío, al no saber?
DESDE EL ESPACIO DE ANÁLISIS
Me propongo recorrer algunos cuestionamientos más allá del pri-
mer fervor «gremial» de negar el ingreso de este actor que ha llegado
silenciosamente para quedarse.
La realidad es que para las personas (entre quienes me incluyo) es
cada vez más común consultar —ya sea escribir o hablar— a las  que
se encuentran en los diferentes dispositivos electrónicos con los que
convivimos —smartphones, computadoras o tablets—. Esta constante
búsqueda de respuestas atrapa y, en algunos casos, alivia a quienes
consultan estas , ya que esta tecnología está diseñada para simular
un diálogo humano. Eso es justamente lo que hace que se denominen
inteligencias articiales conversacionales y que explica que para muchos
usuarios sea muy difícil ver el límite y no tomar la charla como si lo
que estuviese al otro lado fuera un par (sujeto humano), que te res-
ponde o te aconseja porque te conoce.
La idea de que te conoce también es fundada, porque, una vez
creada una cuenta, la tecnología comienza a alimentarse almacenando
todo lo que el usuario le informe, ya sean dudas, datos personales, su
constitución familiar, dónde vive, cuál es su trabajo o estudio, fotos,
planillas con datos laborales, etcétera. Y al momento de responder, la
 usa esa información para adaptar su interacción con el usuario que
tiene enfrente. Esto genera una complejidad aun mayor en términos de
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contralor de estos dispositivos, porque ya no ocurre como en las bús-
quedas de Google, donde ante la misma pregunta aparecen las mis-
mas páginas para los diferentes usuarios. En este momento, aunque el
prompt sea igual, las respuestas (conversaciones) van a variar con cada
usuario según el volumen de información brindada, el historial y la
cantidad de interacciones. Esto genera una idea de cercanía que puede
ser muy peligrosa en estructuras vulnerables.
CADA UNO A SU MÉTIER
Pensar el carácter invasivo de esta nueva realidad, que parece ha-
ber llegado para quedarse, ha favorecido una conexión con el rol li-
berador que Habermas (1990) atribuye al psicoanálisis. Este autor se
propone pensar el psicoanálisis a través de la losofía y, a la vez, la
losofía a través del psicoanálisis.
De hecho, Habermas (1990) analiza el psicoanálisis como un nue-
vo paradigma del conocimiento guiado por un interés emancipatorio.
En su obra, distingue entre el interés técnico, propio de las ciencias
empírico-analíticas, orientado al dominio de la naturaleza, y el interés
práctico, característico de las ciencias histórico-hermenéuticas, centra-
do en la comprensión del sentido. Y luego ubica al psicoanálisis en una
tercera esfera: aquella del saber que busca la liberación de fragmentos
reprimidos de la propia biografía que fueron deformados por coacciones
internas o sociales que determinan al sujeto (Habermas, 1990).
En esta nueva forma de ciencia hermenéutica, Habermas (1990)
llega a indicar que el propio Freud desconoció o pseudocompredió en
esta vía una nueva ciencia del hombre, quizás por su lectura positivista
de conducir el psicoanálisis al mundo de las ciencias reconocidas. En
el psicoanálisis, el conocimiento no se dirige a un objeto externo, sino
que el sujeto es a la vez sujeto y objeto de la reexión. Esta peculiar
relación consigo mismo, mediada por otro, inaugura una forma de ra-
cionalidad distinta de la instrumental. El proceso analítico no produ-
ce leyes generales, sino que promueve una transformación del sujeto
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a través de la palabra, que decanta en un proceso de autorreexión,
«desarrolla un nuevo lenguaje ad hoc, en el cual el lenguaje de la in-
terpretación general está de acuerdo con el del paciente» (Habermas,
1990, p. 262).
Es esta posibilidad de devolverle al paciente su condición de sujeto
la que pone en juego en la escena del análisis una hermenéutica de lo
profundo. En efecto, Habermas (1990) toma como central del funcio-
namiento del proceso analítico la búsqueda de una parte perdida de
la biografía del sujeto. Esta biografía devenida en lenguaje es lo que
se pone en juego en la instancia de análisis. El autor plantea las alte-
raciones entre el lenguaje público y el lenguaje privado para el propio
sujeto, fruto de restricciones que denomina omisiones o deformaciones
de esa biografía, que terminan derivando en síntomas; esas deforma-
ciones le son ajenas al sujeto. La tarea del proceso analítico se trans-
forma, entonces, en una búsqueda del sentido perdido y su integración
a la biografía del sujeto, lo que lo liberará de algo que le era ajeno.
Esta búsqueda de sentido perdido constituye la vivencia que Freud
(1914/1976a) denominó reelaborar. En el proceso de reelaboración,
cuando la resistencia se vuelve más intensa y empiezan a hacerse vi-
sibles las fuerzas pulsionales reprimidas que la sostienen, en el tra-
bajo en conjunto, como experiencia, el paciente puede reconocer su
existencia y su fuerza: «En esas circunstancias, el médico no tiene más
que esperar y consentir un decurso que no puede ser evitado, pero
tampoco apurado» (Freud, 1914/1976a, p. 157).
Por lo tanto, podríamos aceptar que las  conversacionales son
tecnologías de interpretación del lenguaje que buscan dar una res-
puesta con una capacidad fuera de lo humanamente posible, no solo
en términos temporales, ya que procesan datos en segundos, sino
también de información acumulada, en tanto la bibliografía (conoci-
miento-datos) a la que accede es todo lo que se encuentre en línea.
Ahora bien, ¿basta con rapidez e información para dar respuesta a un
sujeto que sufre? Freud (1914/1976a) destaca el trabajo en transferen-
cia como base de un proceso que no se fundamenta en rapidez, sino
justamente en una vivencia que no se puede acelerar.
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Si atendemos a lo procedimental del intercambio entre humano y
chatbot, tanto la teoría freudiana como el planteo de Habermas (1990)
dirán que lo que genera el sufrimiento (el síntoma) es justamente la
parte vedada del lenguaje del sujeto.
Entonces, si pensamos en el usuario o consultante: ¿cómo podría
escribir el prompt correcto?, ¿cómo transmitir lo que le pasa mediante
un comando cuando se juega mucho en lo que no se puede transmitir?,
¿cómo salir de lo netamente maniesto? Si pensamos en el chatbot:
¿cómo captura lo no dicho una computadora?, ¿dónde queda aquello
que no puede decirse y se maniesta en el cuerpo? Estas dicultades
de intercambio modican lo que la  entiende que le está pasando al
usuario, ya que, por denición técnica, la respuesta del chatbot depen-
derá de la claridad del prompt transmitido por el consultante.
Es en el plano de lo intersubjetivo que podemos acercarnos a de-
velar qué sucede con ese sujeto que sufre:
el enmascaramiento del sentido del síntoma y la perturbación co-
rrespondiente de la interacción no son inicialmente comprensibles
ni para los demás ni para el sujeto mismo. Se hace comprensible
sobre el plano de la intersubjetividad que debe producirse entre el
sujeto en calidad de yo y el sujeto en calidad de ello, cuando médico y
paciente rompen juntos de forma reexiva las barreras de la comu-
nicación. (Habermas, 1990, p. 255)
Habermas (1990) resalta la parte intersubjetiva y artesanal del psi-
coanálisis, algo que quienes hemos estado de un lado y del otro de la
escena analítica podemos conrmar. Esta cualidad de personalización
refuerza lo difícil que ha sido para el psicoanálisis detentar el lugar de
ciencia, ya que se vuelve un arte que se despliega en el encuentro, un
arte incluso après coup, tanto para el sujeto como para el analista.
Las  conversacionales pueden dar una respuesta binaria, según
el lenguaje de ceros y unos con que fueron creadas; su objetivo en la
respuesta es dar un cierre. La posibilidad de un encuentro con otro no
tiene un desenlace binario, ya que es el encuentro mismo lo que abre
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en vez de obturar. Es en ese interjuego que se produce un nuevo sen-
tido, no instrumental, a diferencia de lo que busca un sistema cerrado
de ceros y unos. Un código binario no puede dar sentido, ya que
el «sentido» se devela en el curso de un drama. En nuestro propio
proceso de formación somos ciertamente espectadores y críticos a la
vez […] el sujeto tiene también que poder contar su propia historia
y haber comprendido las inhibiciones por el camino de la autorre-
exión. (Habermas, 1990, p. 258)
Al igual que en 1926 Freud justicaba que no solo el saber médi-
co producía cambios en el paciente, sino que validaba las cualidades
personales, las experiencias vividas y la conanza depositada por el
paciente en el vínculo analítico, podemos hoy armar que no son su-
cientes la velocidad de respuesta ni el procesamiento de innumerables
textos para que se produzca el acto analítico. El analista no aplica un
procedimiento técnico, sino que sostiene una relación comunicativa
en la que el sujeto puede reinterpretar su propia historia y romper las
cadenas de la repetición inconsciente. La  encarna el tipo de racio-
nalidad instrumental que responde al interés técnico: busca procesar
información y predecir y optimizar resultados. Sin embargo, el proceso
analítico pertenece al ámbito del interés emancipatorio, donde el co-
nocimiento no se aplica a un objeto, sino que emerge de un proceso de
autorreexión mediado por otro sujeto.
CONCLUSIÓN
La utilización, en las formas más diversas, de la  no se puede
frenar. Es claro que su uso para intentar aliviar un sufrimiento es par-
te del cotidiano de muchas personas, que entienden o emplean estos
chats como un espacio. No podemos desconocer que para ciertas per-
sonas y en ciertas ocasiones este tipo de intercambio produce el efecto
buscado, como puede surtir efecto una serie de actividades o acciones
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que generen cierta descarga o desahogo, como un ciclo de respiracio-
nes profundas, hacer ejercicio o comer algo que guste.
La  es una herramienta que frente a determinado ingreso va a
dar una determinada respuesta, pero no podemos armar que dicha
respuesta sea inocua. Es probable que para algunas estructuras psí-
quicas esto pueda ser más iatrogénico que para otras. Pero lo que sí es
seguro es que no resolverá el conicto de fondo, como no lo resuelve
una cucharada de helado a largo plazo.
Allí donde la  busca eciencia e inmediatez, el psicoanálisis bus-
ca autenticidad, y esta no se revela sin la mediación de la palabra y la
escucha. Pero la escucha psicoanalítica no consiste en procesar datos
y dar respuestas; es una escucha que produce, en tanto es fruto de un
vínculo que sostiene, que tolera el vacío del discurso, que soporta la
angustia y se sirve de estas perturbaciones para reescribir una biografía
libre de alienaciones impuestas por la sociedad y autoimpuestas por
mandatos introyectados.
Es en el espacio intersubjetivo del lenguaje donde el autoconoci-
miento se convierte en emancipación. Pero no en el sentido de acceder
a una verdad denitiva sobre sí mismo, sino en la posibilidad de mo-
dicar la relación con aquello que determina al sujeto. En términos
freudianos, no se trata de eliminar el conicto, sino de transformar
la posición del yo frente a lo inconsciente. Y en una lectura cercana a
Foucault, podría pensarse que esta transformación implica también
un desplazamiento en las condiciones desde las cuales el sujeto pro-
duce verdad sobre sí mismo. En este mismo sentido, y retomando a
Habermas (1990), la experiencia analítica puede comprenderse como
un proceso de autorreexión que, mediado por el lenguaje y el vínculo
con otro, habilita la desarticulación de distorsiones en la comunica-
ción y abre la posibilidad de una relación menos coaccionada con la
propia historia.
Una inteligencia articial puede organizar información, producir
textos verosímiles y sostener una conversación que simule cercanía.
Sin embargo, el problema que plantea su irrupción no se reduce a la
capacidad técnica de responder, sino al tipo de respuesta y su relación
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con el saber y con el sufrimiento que esas respuestas instauran. Tal
vez, entonces, la pregunta por los chatbots no deba encontrar su reso-
lución en el plano tecnológico. Su emergencia más bien introduce una
inquietud que desborda ese campo y que toca un punto decisivo de
nuestra época: ¿qué lugar queda para una práctica fundada en la pa-
labra cuando la cultura parece orientarse cada vez más hacia respues-
tas inmediatas, calculables y sin profundidad? Frente a la lógica de los
algoritmos, regida por la articulación de ceros y unos, el psicoanálisis
insiste en otra escena: aquella en la que el sujeto puede encontrarse
con lo que en su decir excede cualquier cálculo.
En este sentido, más que clausurar la pregunta, la irrupción de
estas tecnologías vuelve aun más actual la apuesta psicoanalítica: no
importa tanto la respuesta, sino lo que se genera en ese vínculo, siem-
pre y cuando ese entre involucre justamente a humanos. Esto es, soste-
ner un espacio donde la palabra no sea solo un medio de intercambio
de información, sino el lugar donde algo del inconsciente pueda llegar
a decirse..
* * *
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